Hasta el 14 de septiembre "más de 2.500 personas que huían del conflicto en Yemen habían llegado a la costa norte de Yibuti", afirmó la OCHA en un comunicado.
Entre las llegadas más recientes se incluyen "unas 1.400 personas que arribaron a Yibuti en un lapso de 24 horas", explicó la agencia de la ONU.
Esa personas -precisó- alcanzaron el país africano tras la llegada, el 10 de septiembre, de "unas 500 personas —entre ellas mujeres y niños— a Obock (región costera yibutí), después de haber sido rescatadas en el mar cuando sus embarcaciones se quedaron sin combustible mientras cruzaban el estrecho de Bab el Mandeb".
La OCHA constató un aumento en las travesías por el estrecho "en medio de la intensificación de las hostilidades a lo largo de la costa occidental de Yemen", lo que refleja "un rápido deterioro de la situación de desplazamiento vinculado a la escalada del conflicto en las zonas limítrofes con el estrecho".
"Se prevé que continúen las llegadas si la situación persiste", advirtió el organismo humanitario.
Yibuti ya acoge a una importante población de refugiados y solicitantes de asilo.
Según cifras del Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) de marzo de 2026, en el país residían más de 36.000 refugiados y solicitantes de asilo registrados, procedentes principalmente de Somalia, Etiopía y Yemen.
La región de Obock forma parte del corredor migratorio del Cuerno de África, por el que transitan anualmente unos 300.000 migrantes, de acuerdo con la ONU.
"Se espera que estas nuevas llegadas ejerzan una presión adicional sobre la capacidad de acogida y asistencia en Obock y sus alrededores", añadió la OCHA.
En los últimos días, los rebeldes hutíes han logrado importantes avances en la costa yemení del mar Rojo y controlan el estratégico estrecho de Bab al Mandeb, una vía marítima comercial de vital importancia que ha cobrado aún más relevancia tras el bloqueo del estrecho de Ormuz por la guerra de Irán.
La ofensiva de los insurgentes, aliados de Teherán, ha provocado un repliegue de las fuerzas gubernamentales, que tratan de reorganizar sus filas para avanzar y recapturar posiciones frente a los hutíes.
Actualmente, el grupo insurgente domina la capital, Saná, y amplias zonas del norte y el noroeste del país, frente al sur y este controlado por el Gobierno internacionalmente reconocido.
La preocupación internacional ha aumentado en los últimos días por el riesgo de que esta escalada complique todavía más cualquier salida política al conflicto.