Bautizada 'Historias de paisajes. De Monet a Hockney (1890-2026)', la muestra se podrá ver en el Museo Marmottan Monet -una fundación privada bajo la tutela de la Académie des Beaux-Arts que alberga la mayor colección del mundo de obras de Monet- desde mañana y hasta el 31 de enero, en el distrito XVII parisino, ubicado en la zona este de la capital.
Comprende casi un centenar de obras, firmadas por unos sesenta artistas modernos y contemporáneos, que parten de Monet (1840-1926) y hacen a la vez un estudio de su legado indeleble y de cómo la representación del paisaje se ha ido relacionando con la historia, desde la devastación de las guerras a los efectos del cambio climático.
En concreto, para el historiador del arte Pierre Wat, catedrático de la Sorbona y comisario de esta exposición, es sobre todo el último Monet, el que se instala en el caserío de Giverny a partir de 1890, el que revoluciona la historia del arte y de la representación del paisaje, en especial con sus Nenúfares.
"Inventa una manera de pintar en serie y se concentra de manera obsesiva en los estanques de nenúfares", explicó a EFE Wat este miércoles, durante la presentación a la prensa de la muestra.
Esa serialidad, plasmada en formatos monumentales, habla del espacio, pero también de la temporalidad. "El tiempo es la sola cuestión humana que todos compartimos, es la cuestión que resume todas las cuestiones metafísicas. Y Monet nos la responde en la pintura y es fundamental hasta el día de hoy", describió Wat.
Por eso la muestra arranca con un puñado de ejemplos de las decenas de escenas de nenúfares que Monet pintó en Giverny y que el hijo menor de Monet, Michel, legó al Museo Marmottan Monet en 1966.
Son obras que también apoyan la tesis del vínculo de la representación del paisaje con la historia, porque su famoso ciclo de ocho murales de nenúfares monumentales -que se expone de manera permanente en el Museo de la Orangerie, en el centro de París- fue una donación de Monet al Estado francés tras la Primera Guerra Mundial, en un gesto político y patriótico.
En segundo lugar, Wat destaca la revolución del pintor impresionista hacia una abstracción creciente, con "momentos absolutamente extraordinarios de descomposición" que se pueden leer como precedentes de la visión de artistas como Nicolas de Staël, Edvard Munch Chaïm Soutine o Per Kirkeby.
Pero su influencia no solo está presente en la pintura, sino que la muestra teje igualmente vínculos con la fotografía, gracias a autores como el francés Éric Antoine, en su búsqueda de la fuga del tiempo en blanco y negro, o su compatriota Alexis Cordesse, presente con una fotografía de los bosques de Ruanda extraída de un trabajo en serie que habla de las ausencias tras el genocidio de 1994.
"La exposición se llama 'Historias de paisajes', en plural, porque también me interrogo sobre qué es el paisaje en el siglo XX", razonó Wat, y su conclusión es que, si es que en algún momento el paisaje y la representación histórica se pudieron considerar como "géneros autónomos", a partir del siglo pasado definitivamente se apoyaron el uno en el otro "para afrontar el mundo que viene".
Por eso, en el Marmottan Monet, quien se acerque a descubrir esta exposición atraído por el reclamo del paisaje y esperando encontrar exclusivamente vistas de la naturaleza, en el sentido más clásico, se sorprenderá con una reflexión que indaga en algunas de las cuestiones más inquietantes de nuestro tiempo, como la destrucción de los polos o la desaparición a un ritmo alarmante del Mar Muerto.
Además de esta exposición, el centenario de la muerte de Monet esta siendo celebrado este año en Francia con otras iniciativas, como la muestra titulada 'Antes de los nenúfares' que se desplegó en el Museo del Impresionismo Giverny entre marzo y julio pasados o la que le dedicará el Museo de la Orangerie a partir del 30 de septiembre y hasta finales de enero.