Copernicus alerta de que la subida del nivel del mar en el Mediterráneo se acelera

Bruselas, 30 sep (EFE).- El nivel medio de los océanos está subiendo cada vez más deprisa y el Mediterráneo occidental figura entre las regiones donde esa aceleración resulta especialmente intensa, según el décimo Informe sobre el Estado del Océano presentado por el Servicio Marino de Copernicus.

A escala mundial, el nivel del mar aumentó una media de 3,8 milímetros al año entre 1999 y 2025, pero ese ritmo se elevó hasta 4,2 milímetros anuales si se considera únicamente el período entre 2012 y 2025.

La evolución no es, sin embargo, homogénea y las diferencias regionales pueden ser muy importantes para las poblaciones costeras.

En el Mediterráneo occidental, el ascenso del nivel del mar se ha acelerado desde comienzos de este siglo debido principalmente a la expansión térmica de unas aguas cada vez más cálidas.

Entre 1993 y 2024, el ritmo analizado por los investigadores pasó de alrededor de 3 milímetros por año a 6,4 milímetros anuales, más del doble en dos décadas.

En el Mediterráneo oriental la evolución ha sido más irregular durante el conjunto del período, aunque desde 2018 también se observa una aceleración casi constante y en la última década el ritmo ha alcanzado igualmente unos 6,4 milímetros por año.

Copernicus subraya que, aunque actualmente ambas mitades del Mediterráneo presentan velocidades de subida similares, la aceleración reciente es más pronunciada en la cuenca oriental.

El informe advierte de que la subida no sigue una trayectoria lineal y de que las variaciones locales pueden apartarse temporalmente de la tendencia de largo plazo, lo que obliga a tener en cuenta las particularidades de cada costa a la hora de planificar medidas de adaptación.

Más allá del Mediterráneo, el informe constata que los mares del planeta absorbieron 23 zettajulios adicionales de energía en 2025, aproximadamente cuarenta veces el consumo energético de toda la humanidad durante ese año, mientras que el incremento del contenido de calor oceánico se acelera desde 1960.

Las aguas más calientes se expanden, contribuyendo directamente al aumento del nivel del mar, al mismo tiempo que favorecen olas de calor marinas y pueden agravar las consecuencias de tormentas y otros fenómenos extremos en las costas.

España aparece en el informe como ejemplo de esa vulnerabilidad de las infraestructuras costeras.

La borrasca Louis, que afectó al suroeste de Europa entre el 22 y el 26 de febrero de 2024, generó olas de más de ocho metros en algunos puntos de la costa atlántica española, provocó importantes perturbaciones en el transporte, cortes generalizados del suministro eléctrico y dejó una víctima mortal.

Los científicos compararon además el impacto de la borrasca en los puertos de Langosteira, en Galicia, y Tarragona, pese a que ambos estuvieron sometidos a condiciones de viento y oleaje superiores al percentil 99 de sus respectivos registros históricos.

En Langosteira, el episodio fue relativamente moderado pero prolongado, durante unas 33 horas, mientras que Tarragona sufrió una situación más breve, de unas 16 horas, pero más intensa dentro del recinto portuario.

Las diferencias se explican en buena medida por la orientación y la configuración de los puertos y por la presencia de diques secundarios, lo que para los investigadores demuestra que el diseño de las infraestructuras puede mitigar los daños provocados por oleajes extremos.

El informe avisa de que, a medida que continúe aumentando el nivel del mar, las marejadas y los episodios de oleaje extremo pueden dificultar las maniobras de atraque, reducir la eficiencia de los puertos, deteriorar estructuras y equipos y provocar inundaciones temporales o permanentes de las instalaciones costeras.

La presión no se limita a España En 2024, el Mediterráneo y el mar Negro padecieron olas de calor marinas récord de más de treinta días en algunos casos, con anomalías superiores a 4,6 grados, mientras la temperatura media mediterránea se situó 1,23 grados por encima de su referencia de largo plazo.

Para Copernicus, estas tendencias refuerzan la necesidad de adaptar la planificación costera a las condiciones de cada región, en lugar de trabajar con una única cifra media para todo el Mediterráneo, y de mantener sistemas de observación capaces de anticipar fenómenos extremos y reducir sus consecuencias sobre la población y las infraestructuras.

Lo
más leído
del día