El TFA, otro de estos contaminantes persistentes, apareció por su parte en todas las muestras y alcanzó, según los autores, las concentraciones más altas registradas hasta ahora en estudios de biomonitorización humana, informó el grupo de Los Verdes del Parlamento Europeo, responsable del experimento, cuyas muestras analizó la Universidad Libre de Ámsterdam.
Los técnicos examinaron muestras de sangre recogidas durante el verano de 2026 a personas con una edad media de 40 años, en un rango de entre 12 y 78 años, para medir nueve sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas como "químicos eternos" por su elevada persistencia en el medioambiente.
Entre los participantes había residentes en Italia, Bélgica, Francia, Croacia, Alemania, Luxemburgo, España, Dinamarca y Finlandia. Algunos habían trabajado como bomberos, una profesión particularmente expuesta a los "químicos eternos" a través de las espumas de extinción de incendios.
En concreto, 27 de los 110 participantes, alrededor del 25 %, superaron el valor de referencia de 6,9 nanogramos por mililitro derivado de los criterios de la EFSA para la suma de cuatro PFAS de cadena larga: PFOS, PFOA, PFNA y PFHxS.
En el 1 % con las concentraciones más elevadas, los niveles llegaron a multiplicar por 2,6 ese valor.
Los autores precisan que superar ese nivel no significa que el riesgo de sufrir efectos adversos aumente en la misma proporción, pues el valor de referencia utilizado se deriva de la ingesta semanal tolerable fijada por la EFSA a partir de estudios sobre la reducción de la respuesta de anticuerpos a las vacunas en niños.
Uno de los datos destacados es la presencia de ácido trifluoroacético (TFA), un PFAS de cadena ultracorta, en el 100 % de los participantes.
Su concentración mediana fue de 21,22 nanogramos por mililitro, entre cuatro y cinco veces superior a la concentración conjunta de los cuatro PFAS de cadena larga analizados.
El TFA representó alrededor del 80 % de la masa de los seis PFAS detectados en el estudio y, según los autores, sus niveles fueron los más altos registrados hasta ahora en los estudios de biomonitorización humana que analizaron.
A diferencia de los PFAS de cadena larga, que pueden permanecer durante años en el organismo, el TFA se elimina mucho más rápidamente, con una vida media estimada de entre 16 y 60 horas.
Los investigadores consideran, por tanto, que las concentraciones observadas probablemente reflejan una exposición frecuente a esta sustancia en la vida cotidiana.
No obstante, actualmente no existe un valor de referencia basado en la concentración de TFA en sangre que permita determinar si los niveles detectados implican un riesgo para la salud.
El estudio observó además concentraciones significativamente mayores de los cuatro PFAS de cadena larga en los hombres, con una mediana de 7,3 nanogramos por mililitro, frente a 3,7 entre las mujeres.
Los niveles aumentaban con la edad entre los varones, una tendencia que no se observó entre las mujeres.
Los responsables del estudio subrayan precisamente que los 110 voluntarios, entre los que había eurodiputados y periodistas, no constituyen una muestra representativa de la población europea y que el número de participantes de cada país es demasiado pequeño para extraer conclusiones fiables sobre diferencias geográficas.