Durante dos semanas, siete jóvenes de entre 19 y 25 años de este asentamiento informal, el mayor de África, caminaron por sus propias calles con una cámara para contar el barrio que ellos conocen y que pocas veces reconocen en las fotografías de otros.
Esas caminatas terminaron esta semana en las paredes blancas de The Canteen, un local de Nairobi donde cada uno presentó entre cinco y siete imágenes en la exposición 'From Inside Kenya' ('Desde dentro de Kenia'), fruto de un taller de narración y fotografía que ha patrocinado la Embajada de España en la capital keniana.
No fotografiaron al azar. Cada uno eligió una historia.
Fidilia Mwanake siguió la vida cotidiana de quienes madrugan para ganarse el día, Fabian Sakwa retrató a personas que hacen comunidad, Pinky Esther captó un mural de un Kibera futurista y Hamadi Hassan entró en talleres de soldadores y artesanos.
Asimismo, Farida Sebi buscó edificios que contradicen la imagen de barrio construido sólo con barro y chapa; Swaleh Gendeni inmortalizó a artistas que transforman basura en arte y, por último, Khadija Mohamed fotografió escuelas, mercados y puntos de agua.
Siete maneras de responder a una misma pregunta: ¿qué ve alguien de Kibera cuando mira Kibera desde dentro?
Días antes de la exposición, EFE acompañó a los jóvenes por el Kibera Arts District, una calle donde talleres, pequeños negocios, galerías y escuelas de arte conviven detrás de fachadas cubiertas por grafitis y grandes murales coloridos.
Es uno de los rincones donde resulta más evidente algo que sus jóvenes sostienen: Kibera también es arte.
El asentamiento, situado a unos cinco kilómetros del centro de Nairobi, alcanzó fama internacional por ser escenario del rodaje del thriller de 2005 'The Constant Gardener' ('El jardinero fiel, en español), basado en la novela homónima de John le Carré, dirigido por Fernando Meirelles y protagonizado por Ralph Fiennes y Rachel Weisz.
También es conocido internacionalmente por el hacinamiento, la pobreza y sus carencias de servicios básicos.
Su población exacta ni siquiera está clara y las estimaciones oscilan entre cientos de miles y un millón y medio de habitantes.
Pero quienes han nacido allí están cansados de clichés que ponen el acento en la pobreza.
"Cuando dices fuera que vienes de Kibera, la gente te mira de una determinada manera. Agarran sus teléfonos. Existe ese estereotipo de que la gente de Kibera es violenta, que puede robarte", cuenta Mohamed, periodista de 24 años y residente local desde que nació.
Por eso, decidió fotografiar realidades que raramente aparecen cuando una cámara extranjera entra en la favela.
"Tenemos agua, tenemos escuelas, recogida de basura, hospitales (...). Tenemos lo que tienen otros lugares, pero la gente no lo ve como nosotros", afirma.
La lente de su cámara le ayudó, incluso, a conocer mejor el suburbio. "He vivido en Kibera toda mi vida y había muchos lugares a los que nunca había ido. Con este proyecto he caminado Kibera", admite.
Gendeni, de 22 años, tomó una decisión antes de disparar el objetivo: ignorar aquello que, en su opinión, ya ha sido fotografiado demasiadas veces.
"Cuando mencionas Kibera, la gente piensa en crimen y violencia", explica.
Su proyecto, 'Ubunifu' -creatividad, en suajili-, se centra en un colectivo de artistas que recoge latas y otros materiales desechados y los transforma en obras de arte.
"En Kibera hay talento puro. Kibera es mi casa, es mi espacio creativo. Camino por aquí y me siento seguro", reivindica.
Sebi, de 23 años, buscó otro estereotipo: el de las construcciones. "Mucha gente -señala- piensa que en Kibera sólo hay casas de chapa oxidada y barro".
Su cámara plasmó viviendas de piedra y ladrillo con balcones y otros inmuebles que empiezan a conformar un nuevo perfil urbano del barrio.
Entre todas las fotografías de la exposición, que puede verse hasta el 10 de octubre, subyace una idea que repite Mohamed: "Kibera es mi casa. Nací aquí. Mi padre nació aquí. Mi abuelo estuvo aquí y mi bisabuelo vivió aquí. Aquí están enterrados mis antepasados".