Así lo constató la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en un informe preliminar elaborado por su misión de observación sobre el terreno y presentado este lunes en una rueda de prensa en Sarajevo.
La creciente apatía política se reflejó en una participación en las urnas del 42 %, diez puntos porcentuales por debajo de los anteriores comicios (52 % en 2022), lo que supone un nuevo mínimo histórico.
El resultado del sufragio ratificó la consolidación de las formaciones nacionalistas dominantes que representan a las tres comunidades constituyentes del complejo Estado surgido tras los Acuerdos de Paz de Dayton (1995); bosniacos (musulmanes), serbobosnios (ortodoxos) y croatabosnios (católicos).
Encabezada por la italiana Tana de Zulueta, la misión de observación electoral de la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (ODIHR) de la OSCE ha seguido de cerca el desarrollo de la campaña electoral y la votación en las últimas seis semanas.
"Durante este tiempo hemos podido constatar cómo las divisiones del país se reflejan en la retórica de campaña, en la información disponible para los votantes —tanto en internet como en los medios tradicionales— y en la propia administración electoral", destacó De Zulueta, quien advirtió de que estos factores siguen mermando la confianza en el sistema.
Los observadores describieron un panorama político polarizado, dominado por narrativas contrapuestas heredadas de la guerra (1992-1995), y denunciaron que el derecho al voto continúa sujeto a restricciones discriminatorias basadas en la etnia y el lugar de residencia.
Con más del 95 % de los votos escrutados, los datos difundidos este lunes por la Comisión Electoral Central (CIK) apuntan a que el bosnio Denis Bećirovic y la serbia Zeljka Cvijanovic revalidan sus cargos en la Presidencia tripartita del Estado. Por su parte, la nacionalista croata Darijana Filipovic sustituirá a Zeljko Komsic, socialdemócrata no nacionalista que no optaba a la reelección.
Bećirovic (socialdemócrata) se impuso en la contienda por el escaño bosnio con el 38,1 % de los votos, frente al 34 % del líder de la formación nacionalista SDA, Bakir Izetbegovic.
Cvijanovic, miembro del partido nacionalista gobernante SNSD en la entidad serbia, obtuvo la victoria con un 55,6 % de los apoyos, holgadamente por delante del opositor Marinko Bozovic (26,8 %).
En la pugna por la representación croata, Filipovic (HDZ BiH) venció con un 46,5 % al socialdemócrata Slaven Kovacevic (30,5 %).
El texto constitucional derivado de Dayton diseñó la estructura interna de Bosnia en dos entidades con amplia autonomía: la Federación de Bosnia y Herzegovina (compartida por musulmanes y croatas) y la República Srpska (de mayoría serbia).
En esta última, el partido SNSD, liderado por el dirigente prorruso Milorad Dodik —quien fue destituido e inhabilitado el pasado año por sus iniciativas separatistas—, consolidó su hegemonía.
Su candidato, Savo Minić, ganó la presidencia regional de forma holgada, mientras que el SNSD se mantuvo como principal fuerza en el parlamento autonómico con el 39 % de los votos (frente al 34,6 % de 2022).
Los observadores internacionales valoraron de forma positiva que las elecciones resultaran competitivas y que los candidatos pudieran trasladar sus mensajes al electorado.
Asimismo, destacaron que el estreno de un sistema de escaneo y verificación biométrica reforzó la integridad de las urnas, a pesar de los fallos técnicos que demoraron el arranque de la jornada.
En contraste, la OSCE denunció que la mayoría de los medios de comunicación incumplieron el requisito legal de ofrecer una cobertura equilibrada e imparcial.
El análisis de las plataformas digitales identificó además un entorno en línea altamente polarizado debido a la proliferación de portales anónimos, redes de monetización por clic (clickbait) y contenidos generados por inteligencia artificial con información manipulada y retórica divisiva.
Bosnia y Herzegovina mantiene el estatus de país candidato a la adhesión a la Unión Europea (UE), si bien la apertura formal de las negociaciones continúa bloqueada por el estancamiento de las reformas estructurales necesarias, lastradas por los continuos vetos cruzados entre las fuerzas nacionalistas.