La reforma ha sido aprobada de forma definitiva esta mañana en la Cámara de los Diputados con 227 votos a favor y 164 en contra.
Pero, qué se esconde en sus artículos. Estas son algunas claves de la ley electoral que regulará las elecciones generales del 2027.
1) 'Stabilicum': esta reforma era clave en los planes de Meloni en su último año de legislatura. Su objetivo declarado es apuntalar la estabilidad de los futuros Ejecutivos para acabar con la agitada tradición política de Italia, un país que acumula 68 gobiernos a lo largo de sus recién cumplidos 80 años de República democrática.
2) 'Premio de mayoría': para ello, su principal novedad es la introducción de un 'botín' de escaños que obtendrá la lista o coalición que alcance el 42 % de los votos para afianzar su poder parlamentario: 70 en la Cámara de los Diputados y 35 en el Senado.
3) Listas de la discordia: uno de sus aspectos más controvertidos es el formato de listas electorales, reintroduciendo el sistema de 'preferencias' a mitad: en las papeletas figurarán líderes fijos y el resto de candidatos estarán sujetos a la preferencia del elector.
Este sistema llegó a soliviantar a los socios 'menores' de Meloni, la ultraderechista Liga de Matteo Salvini y la conservadora Forza Italia de Antonio Tajani. De hecho, en julio sus propios parlamentarios tumbaron una enmienda de la ley amparados en el voto secreto (a modo de aviso de su inconformidad).
4) Hegemonía limitada: la ley además establece un techo máximo en el premio de mayoría: la coalición que lo obtenga no podrá controlar más de 220 escaños en la Cámara Baja (de 400) y 113 en el Senado (de 200).
5) Cambio de llaves: por otro lado modifica el umbral que una lista deberá obtener para acceder al Parlamento: el 10 % de los votos para las coaliciones y el 3 % para los partidos en solitario.
6) Un nombre claro: las formaciones que concurrirán a las elecciones deberán indicar en su programa el nombre de su candidato a primer ministro. Se trata de dar más claridad al proceso, ya que normalmente en Italia el presidente del Gobierno se negocia 'a posteriori', pero no será vinculante porque esta es una prerrogativa constitucional del presidente de la República.
La disposición sigue los deseos de Meloni de implantar el llamado 'premierato', es decir, la elección directa de la figura del primer ministro. Su idea ha sido duramente criticada porque supone restar poder al jefe del Estado, responsable de encargar la formación de gobiernos.
7) Más firmas y más lejos: Por un lado, la reforma cuadruplica el número de firmas -de 1.500 a 6.000- que cada nuevo partido deberá recabar en cada una de las 49 circunscripciones electorales del país para poder concurrir a las urnas; pero también permitirá por primera vez votar fuera del propio lugar de empadronamiento.
8) Paridad 'ma non troppo': otra cuestión espinosa en su tramitación era la exigencia, o no, de respetar la paridad de género en las papeletas. Finalmente no se aplicará en los cabeza de lista, pero sí se deberá alternar nombres de hombre y mujer entre el resto de candidatos.
9) El 'Melonellum': la oposición rechaza en bloque esta reforma y denuncia el intento de la primera ministra de allanar su camino a las próximas elecciones. Por eso, irónicamente, ha sido rebautizada por sus críticos como 'Melonellum'. Sobre todo cuestionan el difícil encaje constitucional del 'premio' de escaños.
10) Aviso a filas: Meloni había advertido a sus parlamentarios de que "tomaría nota" si la ley no era aprobada, consciente del riesgo de naufragio que la votación de hoy entrañaba por ser secreta (como la de julio). O pasaba, o el Gobierno entraba en crisis.
Con la votación de hoy, la primera ministra tiene ya sus reglas del juego para competir -si así lo decide- en las elecciones generales del próximo año y alargar su Gobierno, que ya es el más longevo de la democracia italiana (siempre y cuando el Tribunal Constitucional no la lime total o parcialmente, como avisan sus detractores).
En frente no solo tendrá a una oposición todavía dividida, sino también al nuevo representante ultra, el general Roberto Vannacci, que aceña los dominios parlamentarios de la coalición de Meloni.