Kaliningrado, la Rusia más europea y tierra del ámbar, y una región estratégica

Kaliningrado (Rusia), 10 oct (EFE).- Pese a su modesta superficie de apenas 15.000 kilómetros cuadrados, Kaliningrado, enclave famoso por ser la tierra del ámbar, es una de las regiones más estratégicas de Rusia y, sin duda, la más "europea" de todas, motivos por lo que sus habitantes le tienen auténtica devoción.

"Por nada del mundo me iría a vivir a otro sitio, ni siquiera a Moscú", dice a EFE el taxista Oleg mientras conduce bajo una intensa lluvia.

Dice que el tiempo a veces es caprichoso por estos lares, pues puede cambiar cuatro veces en un solo día, pero la región, un exclave ruso encajado entre dos países que pertenecen a la Unión Europea y la OTAN -Polonia y Lituania-, tiene muchas otras ventajas que lo compensan.

"Si no te gusta el tiempo en Kaliningrado, espera quince minutos", dice el refrán popular en alusión al clima báltico.

"Es un lugar tranquilo, todo discurre a su ritmo, no tenemos las prisas de la capital y otras grandes ciudades”, explica. Oleg reconoce que últimamente los precios han subido, pero aún así la situación es relativamente sostenible.

"Entiendo que los jóvenes quieran marcharse a Moscú o San Petersburgo para estudiar o abrir un negocio, pero para vivir, elegiría Kaliningrado”, insiste.

Coincide con él Tatiana, una lugareña que trabaja como asistente de dentista. "Ni yo ni mi hija nos iríamos de aquí. Aquí estamos bien", dice.

Eso sí, Tatiana recuerda con nostalgia los tiempos en que los habitantes de Kaliningrado viajaban libremente por Europa. "Lo natural es que nos llevemos bien con Europa. No sé si estos tiempos volverán", reconoce con tristeza.

Y es que esta región fue territorio alemán hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Unión Soviética se quedó con el enclave como trofeo y le cambió el nombre de Konisberg por el de Kaliningrado, en honor al revolucionario Mijaíl Kalinin.

Por eso, durante muchos años recibió no pocos turistas alemanes, atraídos por la nostalgia de un territorio con pasado prusiano. Eso se vio especialmente en el Mundial de 2018 en el que recibió a cientos de miles de aficionados que pudieron ver a España, Inglaterra o Croacia.

Los alemanes también acudían en masa a presentar sus respetos a la tumba de su hijo más célebre, el filósofo Inmmanuel Kant, que nació en Kaliningrado en 1724. Incluso estuvo a punto de dar nombre al aeropuerto, aunque los sectores más nacionalistas se opusieron.

Con todo, su mayor atractivo es el ámbar, ya que Kaliningrado acoge el 90% de las reservas mundiales. Y es que Rusia quiere conquistar el mundo con las figuras, joyas y adornos fabricados con esa resina fósil fraguada durante millones de años en las entrañas de la tierra.

Los chinos son a día de hoy sus principales clientes, ya que creen que el ámbar, al que llaman 'espíritu del tigre', tiene un gran poder energético.

A su vez, Tatiana no cree que los países europeos vayan a involucrarse en una guerra con Rusia por Kaliningrado. "¿Para qué lo harían? Saben que la región está militarizada. Tontos no son", afirma.

Se refiere a la Flota del Báltico y a los misiles de crucero Iskander desplegados en el territorio, que el presidente ruso, Vladímir Putin, prometió defender, si hace falta, con todo el arsenal a su disposición.

Además, subraya que el territorio no tiene refinerías y otros objetivos importantes que pudiesen convertirse en el blanco de ataques tanto de Ucrania, como de un eventual país europeo. "¿A quién iban a disparar? ¿A la gente?", se pregunta.

Recuerda que en Kaliningrado, a diferencia del resto de Rusia, no se registran incidentes con drones ucranianos porque el territorio es tan pequeño que un aparato mal lanzado acabaría en Lituania o Polonia y causaría un conflicto diplomático.

Tras el cierre de las comunicaciones con Europa debido a la guerra en Ucrania, el territorio más occidental de Rusia intenta reinventarse y está cobrando cada vez más fama entre los turistas rusos. EFE pudo conversar estos días con una pareja que llegó a Kaliningrado de la ciudad de Jabárovsk, situada en el Lejano Oriente ruso.

"De un extremo de Rusia al otro", comentaron con una sonrisa. Este matrimonio bromea con que Kaliningrado, pese a no tener frontera terrestre con el resto de Rusia, conserva muchas cosas rusas a diferencia de su región, limítrofe con China y donde la presencia del gigante asiático es cada vez más notable.

Kaliningrado, que ha sido elegido por muchos rusos como lugar de descanso ante el peligro de veranear en la anexionada península de Crimea, cuenta con numerosas playas -incluida la primera de Rusia reconocida con Bandera Azul, un certificado internacional de playas de alta calidad-, y el espectacular istmo de Curlandia que incluye dunas y misteriosos bosques que puede ser sobrevolado en helicóptero.

Los lugareños cuentan que la mayoría de los viajeros que llegan a Kaliningrado proceden de Moscú y San Petersburgo, pero cada vez hay más turistas de otras regiones. A la vez, en Kaliningrado aún se pueden ver coches con la matrícula europea, pero estos son cada vez más raros y pertenecen, por regla general, a los rusos con doble ciudadanía.

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