Andersson, que recibió el mandato para intentar formar gobierno el pasado día 2 de octubre, había anunciado minutos antes que no había sido capaz de cerrar un acuerdo con el resto de fuerzas del bloque de centroizquierda, pero que estaba dispuesta a someterse a una votación parlamentaria para hacer avanzar el proceso.
Antes de poder convocar elecciones extraordinarias, algo que no ocurre desde 1958, en Suecia son necesarias cuatro votaciones fracasadas para elegir primer ministro.
Norlén propondrá a Andersson como candidata al frente de un Ejecutivo socialdemócrata en minoría, que ya han rechazado apoyar el Partido del Medioambiente y el Partido de Izquierda, dos de sus tres aliados en el bloque de centroizquierda.
"No existen las condiciones ahora mismo para formar un gobierno que pueda ser tolerado por el Parlamento", dijo en rueda de prensa Andersson, que aceptó someterse a una primera votación para acelerar el proceso, aunque afirmó que estaba segura de que no iba a salir elegida.
Andersson aludió al desacuerdo sobre la formación del Ejecutivo entre socialistas y centristas: los primeros exigen ser parte del gobierno, los otros se niegan a esa posibilidad.
La líder socialdemócrata había sido la primera persona designada para dirigir las negociaciones, pero devolvió el mandato después de que el Partido de Izquierda apoyó a Norlén, candidato conservador para ser presidente del Parlamento, cargo que ejerce desde 2018.
Tras una nueva ronda entre los líderes parlamentarios, Norlén le entregó de nuevo el encargo a Andersson, aunque avisó que esta vez los contactos formales deberían concluir forzosamente con una votación en la Cámara para elegir primer ministro.
El bloque opositor de centroizquierda liderado por Andersson ganó las elecciones legislativas del pasado 13 de septiembre por un estrecho margen, con 176 escaños frente a 173.
El Partido Socialdemócrata fue el más votado con el 28 %, su peor resultado en casi un siglo; seguido por el Partido Conservador, con el 19,8 %; y el ultraderechista Demócratas de Suecia, que retrocedió tres puntos y perdió su condición de segunda fuerza parlamentaria.
En 2018 hicieron falta cuatro meses de negociaciones y dos votaciones fracasadas hasta que el socialdemócrata Stefan Löfven cerró un acuerdo con centristas y liberales y otro adicional con el Partido de Izquierda para gobernar en minoría con el Partido de Medioambiente.