La Bolsa de París estuvo cayendo más que los otros mercados europeos y a las 16:20 (14:20 GMT) su índice general sufría un retroceso del 1,38 %, que anularon con creces las ganancias acumuladas la semana pasada.
El CAC-40, que sintetiza la marcha de las 40 empresas de mayor capitalización, acumulaba así un descenso del 4 % desde comienzos de año, que contrastan con el ascenso de más del 5,7 % en ese momento del Eurostoxx 50, que reúne a las grandes compañías europeas.
Entre los valores más castigados del selectivo francés a esa hora, detrás del fabricante de coches Stellantis (que se desplomaba un 5,68 %), estaban los tres grandes bancos Société Générale (-3,52 %), Crédit Agricole (-2,99 %) y BNP Paribas (-3,03 %), una muestra evidente del castigo aplicado en particular al sector financiero.
Un castigo que se explica en primer lugar por el nuevo varapalo que recibió la deuda francesa, con unos tipos de interés que en los títulos a diez años subieron hasta el 4,880 %, lo que significa 8,1 puntos básicos más que el viernes.
Es el nivel más alto en dos décadas y el mayor incremento del tipo de interés desde el viernes de todas las deudas soberanas europeas. En el caso del bono alemán, esa subida desde la última sesión se limitó a 1,9 puntos básicos hasta el 3,441 %.
De esa forma, la prima de riesgo francesa, que mide el diferencial de rentabilidad con ese bono alemán, alcanzó a mediodía los 146 puntos básicos y algunos analistas aventuran que podría seguir escalando en los próximos días hasta el umbral simbólico de los 150 puntos, cuando antes de que se hicieran sentir en marzo los primeros efectos de la guerra contra Irán rondaba los 50-55 puntos.
Los principales elementos de inquietud a corto plazo sobre un país que a fecha del 30 de junio ya acumulaba una deuda de casi 3,6 billones de euros que suponía el 119 % del producto interior bruto (PIB) -y que de forma casi segura va a incrementarse en los próximos años- son la evaluación de la que va a ser objeto por Moody's el viernes y el debate presupuestario en las próximas semanas.
Por lo que respecta a Moody's, la agencia de calificación ha mantenido hasta ahora una nota para la deuda soberana francesa superior que la de Fitch y que la de S&P, que difícilmente podría seguir justificando en las circunstancias actuales, sobre todo cuando su propia perspectiva ya era negativa.
En cuanto al debate del presupuesto para 2027, sus inicios en el Parlamento ya han puesto en evidencia que al Ejecutivo le resultará casi imposible encontrar una mayoría para sacarlo adelante, porque los grupos de oposición no quieren asumir el potencial costo político -a menos de seis meses de las elecciones presidenciales- de apoyar las medidas de ajuste.
El proyecto de presupuestos contiene medidas para reducir el gasto en 43.000 millones de euros para intentar dejar el déficit en un ya de por sí voluminoso 5 % del PIB, después del 5,4 % que se espera en 2026, y eso una vez que se ha tenido que revisar al alza respecto al 5 % que figuraba en la ley de finanzas para 2026.
Un riesgo nada desdeñable que tienen en mente los inversores es que el debate presupuestario acabe con el Gobierno del primer ministro, Sébastien Lecornu, al que varios grupos de oposición han amenazado con una moción de censura si no modifica seriamente su proyecto para las cuentas públicas.
Ese escenario, mezclado con el ambiente de descontrol y de revuelta que se vivió en las calles de muchas ciudades de Francia este pasado fin de semana, abriría las puertas a un fin de mandato de insurrección para el presidente, Emmanuel Macron.
Un fin de mandato que en cualquier caso ya se prevé agónico y marcado por unas encuestas que desde hace meses presentan como favorita para hacerse con el Elíseo en mayo a la líder de la extrema derecha, Marine Le Pen.