El voto femenino vuelve al debate en EE.UU. más de un siglo después de su reconocimiento

Los Ángeles (EE.UU.), 28 oct (EFE).- Tia Levings no pudo votar en las elecciones de 2004: según relata, su esposo decidía por ambos en el hogar cristiano fundamentalista en el que vivían. Más de dos décadas después, a las puertas de las elecciones legislativas de medio mandato, la escritora dice a EFE que jamás imaginó que el derecho de las mujeres a votar se discutiera "abiertamente en internet".

Levings, autora de las memorias 'A Well-Trained Wife' ('Una esposa bien entrenada'), asegura que los líderes de esas comunidades llevan años restringiendo "sutilmente" la libertad de las mujeres para votar, y que ahora lo hacen "de forma más abierta".

"Sé de primera mano que su objetivo final es cambiar la Constitución y nuestros derechos de ciudadanía como mujeres estadounidenses", afirma.

Sus temores se enmarcan en un debate que cobró visibilidad nacional desde agosto de 2025, cuando el secretario de Defensa, Pete Hegseth, compartió en X un reportaje de CNN en el que el pastor evangélico Douglas Wilson y otros líderes de su red de iglesias defendían el voto por hogar, encabezado por los hombres, y uno de ellos decía que planeaba derogar la Enmienda 19 de la constitución estadounidense, que reconoce el derecho de voto de las mujeres.

El Pentágono aclaró después que Hegseth considera que las mujeres deben poder votar y hasta el momento ningún líder político de peso ha pedido abiertamente derogar esta reforma constitucional, pero la discusión siguió activa.

 En febrero de este año, el pastor Dale Partridge afirmó en Instagram que preveía que la enmienda ratificada en 1920 sería derogada en un plazo de diez años, y en junio, influencers y activistas conservadoras defendieron sustituir el voto individual por el único voto por hogar en un evento de Turning Point, la organización del asesinado líder conservador Charlie Kirk.

Levings dejó de votar cuando su esposo, a quien debía llamar "mi señor", decidió que en el hogar votaría solo él, tras leerlo en el blog de Doug Phillips, fundador de Vision Forum Ministries, una organización del movimiento del patriarcado cristiano.

Años después huyó de su matrimonio abusivo y de su aislada casa en Tennessee con sus hijos, y ahora se dedica a escribir y educar sobre el trauma religioso y el fundamentalismo cristiano, pero su experiencia ilustra cómo determinadas interpretaciones religiosas sobre la autoridad masculina pueden trasladarse a la vida política.

"Toman de la Escritura (la Biblia) lo que quieren tomar, que es el poder masculino, y luego lo aplican a todo, incluido el poder político", explica.

Juliet Williams, profesora del Departamento de Estudios de Género de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), no considera inminente una derogación de la Enmienda 19, cuyo cambio exigiría el respaldo de dos tercios de ambas cámaras del Congreso y la ratificación de tres cuartas partes de los estados. Sin embargo, advierte de que el debate importa en estas elecciones.

Hace unos años, dijo, habría considerado la idea "completamente irreal", pero hoy ya no le parece descartable. "Creo que tenemos que reconocer que todas las barreras de protección que pensábamos que existían ya no están", relató a EFE.

La propuesta de sustituir el voto individual por uno por hogar también tendría implicaciones electorales en un país donde las mujeres muestran mayor inclinación por los demócratas que los hombres.

En una encuesta de Pew de julio, el 45 % de las votantes registradas apoyaba al candidato demócrata al Congreso, frente al 33 % que apoyaba al republicano, mientras que entre los hombres las preferencias estaban prácticamente empatadas (41 % frente a 42 %).

No obstante, Williams advierte que la brecha de género en el voto se ha reducido con el tiempo, algo que atribuye, en parte, al éxito de la derecha conservadora al desacreditar el feminismo y asociarlo con estereotipos negativos, como la idea de que las feministas odian a los hombres o están en contra del sexo.

Para Williams, el peligro va más allá de una elección concreta, por lo que considera que las acciones de funcionarios como Hegseth no deberían pasar desapercibidas.

"Deberíamos tomarnos esto en serio (...) Creo que así es como empieza. Consigues que la gente piense que es normal bromear sobre, o imaginar, socavar fundamentalmente el principio central de la democracia: una persona, un voto", señala.

"Y cuando te burlas de la decencia o del Estado de derecho, o los trivializas, estás un paso más cerca de que desaparezcan", añade.

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