El Aaiún, de la Marcha Verde a las otras voces del Sáhara

El Aaiún, 4 nov (EFE).- "Sáhara, alégrate, tierra de mi país, tu tierra ha sido liberada". En los colegios de El Aaiún, los niños ensayan el himno de la Marcha Verde en vísperas del 51 aniversario. La capital del Sáhara Occidental se viste de banderas rojas, luces y fotografías del rey Mohamed VI mientras los independentistas saharauis denuncian represión y hablan de la incertidumbre que deja el fin de la misión de Naciones Unidas.

La ciudad que estos días celebra la "unidad territorial" de Marruecos alberga una memoria que mantienen viva muchas familias saharauis desde 1975: la retirada española, la entrada de las tropas marroquíes y el desplazamiento de miles de personas a los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, controlados por el independentista Frente Polisario.

Dos relatos sobre un mismo territorio. Uno ocupa las escuelas, las plazas y los actos oficiales; el otro, el independentista, minoritario, no puede expresarse en público, denuncian los activistas.

En vísperas del 51 aniversario de la Marcha Verde, un pulso entre Estados Unidos y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU, a unos 6.000 kilómetros de El Aaiún, ha precipitado un cambio histórico para el Sáhara: El fin de la Minurso, la misión de Naciones Unidas que no logró avanzar en un referéndum de autodeterminación para los saharauis.

El Sáhara Occidental continúa en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas, pendientes de descolonización. El expediente no desaparece de la organización, aunque el nuevo escenario abre un futuro incierto.

Rabat tiene motivos para celebrar. Tras años de ofensiva diplomática, ha ampliado el respaldo internacional a su propuesta de autonomía para las que denomina "provincias del sur". Para el Frente Polisario, sin embargo, el final de Minurso supone un duro revés y aleja la posibilidad de la autodeterminación.

En las afueras de El Aaiún, en una antigua escuela, la Minurso se prepara para bajar su bandera. La decisión tiene un profundo significado simbólico, pero no alterará la vida de esta ciudad que se acerca a los 300.000 habitantes y crece al ritmo de las inversiones públicas.

 Su población reúne a saharauis -una minoría- y a una mayoría procedente de distintas regiones de Marruecos, en buena parte funcionarios y trabajadores atraídos por los incentivos públicos y las oportunidades que ofrece la pesca, la explotación de fosfatos, la construcción y el desarrollo portuario.

En las calles de El Aaiún, el árabe se mezcla con el hassanía, el dialecto saharaui. El español, herencia de casi un siglo de presencia colonial, se pierde.

Los saharauis conservan su vestimenta tradicional, su cultura, su gusto por el té amargo, por sentarse en el suelo... pero la convivencia no ha borrado las diferencias políticas. Son muchas las familias rotas.

Entre los saharauis que apoyan a Marruecos figuran dirigentes tribales, autoridades -como el alcalde de El Aaiún-, diputados y familias con poder económico, algunas vinculadas desde la época colonial a rentables negocios como gasolineras, comercio y actividades portuarias.

Los partidarios de la integración y los retornados de Tinduf pueden desarrollar sus tareas con normalidad, siempre que no cuestionen el sistema, admiten a EFE fuentes conocedoras de la situación local.

Los independentistas, por el contrario, "no encuentran trabajo, no pueden terminar sus estudios o tienen problemas para conseguir documentos", denuncia la activista saharaui Elghalia Djimi en una entrevista con EFE en su casa, en un barrio popular de la ciudad.

Tampoco pueden ejercer los derechos de manifestación, asociación o exhibir la bandera saharaui, continúa.

Djimi asegura que se ha acostumbrado a la vigilancia permanente frente a su casa y a los agentes de seguridad que llaman a su puerta para interrumpir reuniones o preguntar por las personas que la visitan. "La policía está delante de la puerta, corta la luz, golpea y expulsa a quienes vienen a vernos", afirma.

¿Ha caído el apoyo a la independencia en El Aaiún? "No", responde. "No podemos manifestarnos, ni llevar banderas, ni asociarnos libremente. Cuando los saharauis salen a la calle, les esperan furgones de las fuerzas auxiliares y de la policía. Los jóvenes no encuentran trabajo y terminan emigrando. Esa es nuestra vida".

Ali Salem Tamek, también activista saharaui independentista, explica que tuvo que abandonar su vivienda después de que los servicios de seguridad presionaran al propietario. Ahora reside en un pequeño apartamento en las afueras, frente a un descampado, y no descarta que le obliguen a trasladarse de nuevo.

El fin de la Minurso no cambiará El Aaiún. Los miembros de la misión apenas se mezclaban con la población local, sus patrullas se concentraban en las zonas desérticas y en el entorno del muro militar que divide el territorio.

Pero su desaparición preocupa a los independentistas y a los sectores promarroquíes críticos. ¿Quién documentará los incidentes con el Polisario? ¿Cómo se supervisará la evolución de la propuesta de autonomía marroquí?

"Esta interrupción repentina nos coloca, hasta cierto punto, ante un panorama desconocido", apunta el analista saharaui Laarbi Ennass, ex-miembro del Polisario que regresó a El Aaiún para defender una solución política.

Enass teme una "vuelta al punto de partida" en el conflicto y confía en la búsqueda de un "nuevo marco" en el que "todas las partes se sientan cómodas" con "la solución pacífica como objetivo supremo".

En los colegios de El Aaiún, los niños preparan la fiesta: "Nuestra Marcha Verde ha sido una empresa victoriosa/ En ella hay seguridad y paz, y una historia de gloria para la patria/ Sin guerra y sin armas: un milagro de nuestro tiempo".

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