La nota precisa que "todos los recursos y donativos recibidos estarán destinados íntegramente a apoyar a las familias de la zona parroquial de Güines", localidad de la provincia Mayabeque (oeste).
La donación incluye arroz, frijoles, aceite, azúcar, espaguetis, sardinas y atún; jabones, crema y cepillos dentales, tabletas potabilizadoras de agua, almohadillas sanitarias, recipientes y lámparas recargables.
El Departamento de Estado de EE.UU. anunció en mayo pasado una ayuda por valor de 100 millones de dólares en "asistencia humanitaria directa al pueblo cubano, la cual sería distribuida en coordinación con la Iglesia católica y otras organizaciones humanitarias independientes y confiables".
De acuerdo con reportes de Cáritas Cuba, de ese fondo de 100 millones de ayuda humanitaria del Gobierno estadounidense, 60 millones se gestionan por medio de la Iglesia católica.
"Agradecemos de corazón a todas las personas e instituciones que, con su generosidad, han hecho posible este envío. Su solidaridad es una bendición y un abrazo de aliento para quienes más lo necesitan", expresó Cáritas en el mensaje.
Los voluntarios de Cáritas son los encargados de la entrega de estas donaciones, que incluyen alimentos y artículos de aseo, de acuerdo a un registro de los hogares más necesitados, según explicó la organización católica.
Tras el arribo de los primeros cargamentos, los voluntarios de Cáritas han entregado los módulos a familias necesitadas en las provincias centrales Villa Clara, Ciego de Ávila, Camagüey y uno a Cienfuegos.
También han realizado esa labor en las provincias occidentales de Pinar del Río, Matanzas y La Habana.
La llegada de los donativos tiene lugar en un momento de escalada de la controversia verbal entre La Habana y Washington, considerado como el de mayor tensión de sus relaciones en décadas.
Además, la situación se enmarca en la profunda crisis económica que padece la isla desde hace seis años, agravada por la pandemia, las fallidas políticas nacionales y las sanciones estadounidenses, que han provocado escasez de alimentos, combustible y medicinas, una inflación galopante, prolongados apagones y una creciente dolarización parcial.
A ello se ha sumado desde enero la política de "máxima presión" aplicada por Washington con un cerco petrolero y medidas secundarias a partir de mayo contra sectores vitales de la economía que han reforzado la crisis económica y energética en la isla.