Expertos de la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN) viajarán al país caribeño a finales de mes para capacitar en terreno a una treintena de efectivos de la Defensa Civil Colombiana en el manejo de técnicas de ensayo no destructivo (END), un método que utiliza tecnología nuclear para examinar los materiales sin dañarlos.
"Estas técnicas pueden ver más allá. Tú puedes observar que un muro que está de pie, pero no sabes cómo está internamente, entonces con estas radiografías podemos evaluar en qué condiciones están", explicó el director del Centro Subregional de Ensayos No Destructivos (CSEND-Chile), Mario Barrera.
Las técnicas de END proporcionan datos fiables sobre la resistencia y la integridad de los materiales sin interferir en estructuras que podrían estar debilitadas o resultar peligrosas, utilizando para ello diferentes tipos de radiación que permiten detectar defectos en el hormigón, tuberías y soldaduras.
Los expertos revisarán edificios tanto en la ciudad de Pereira (centro-occidente), una de las más afectadas por el terremoto, como en Bogotá, donde se encuentra el único reactor nuclear de investigación de Colombia.
El CSEND-Chile es operado por la CCHEN y forma parte junto a sus pares de Argentina, Perú y México de una red promovida por la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) en Latinoamérica.
Chile, uno de los países más sísmicos del mundo, también prestó asistencia técnica tras el doble terremoto en Venezuela de finales de junio, así como luego del terremoto en Ecuador de 2025.
Estas tecnologías también se han usado dentro de Chile para atender las emergencias provocadas por los feroces incendios de los últimos años.
"Lo que hacemos ahí es lo mismo, con la diferencia de que es un daño antrópico, es decir, producido por el hombre. Ahí el comportamiento de las estructuras es diferente porque ocurre otro fenómeno cuando hay altas temperaturas en la estructura", detalló Barrera, durante una visita de medios al centro regional de respuesta ante emergencias.
América Latina y el Caribe es la segunda región del mundo más propensa a sufrir desastres. Debido a su singular estructura tectónica y a sus patrones meteorológicos, es vulnerable a fenómenos naturales como terremotos, inundaciones y huracanes.