En Alabama, Georgia, Luisiana, Misisipi y Carolina del Sur los demócratas recortaron distancias en los feudos republicanos e incluso se impusieron en contiendas en las que, hasta hace poco, su triunfo parecía una utopía.
En la ultraconservadora Carolina del Sur, Annie Andrews derrotó a la candidata al Senado respaldada por Trump; en Georgia, Keisha Lance Bottoms hizo historia como primera gobernadora afroamericana, y en Misisipi los demócratas mantienen una estrecha ventaja por un escaño que podría convertir a Scott Colom en el primer senador afroamericano del estado desde 1875.
El partido también logró una contundente victoria en las elecciones a la Cámara de Representantes en Alabama, celebrada como un triunfo de las minorías frente a los recientes recortes al derecho al voto avalados por el Tribunal Supremo del país.
El respaldo demócrata a escala nacional entre los hombres afroamericanos repuntó más de 20 puntos porcentuales respecto a los anteriores comicios, hasta superar el 70 %, según una encuesta de SSRS.
Entre las mujeres, tradicionalmente la base más sólida del partido, el apoyo rozó la unanimidad.
La victoria en Misisipi sería una de las mayores sorpresas electorales: el estado, con cerca del 38 % de población afroamericana, no elige a un senador demócrata desde 1989 y Colom podría romper esa sequía.
El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Jackson, en Misisipi, Byron D'Andra Orey, atribuyó este fenómeno y la movilización récord al efecto rebote provocado por los reveses judiciales a las minorías.
"Con la reciente decisión del Supremo, que debilitó la histórica Ley de Derecho al Voto, muchos ciudadanos empezaron a temer la pérdida de su derecho al voto tras el revuelo mediático. Eso movilizó de forma masiva a los votantes en lugares como Misisipi", explicó a EFE el analista.
Para Orey, el avance demócrata rompe una barrera psicológica histórica: "El simple hecho de que hayan ganado o se hayan quedado tan cerca demuestra por primera vez que la victoria es posible. En el pasado no veían ninguna oportunidad real; la gente se desilusionaba y optaba por quedarse en casa", agregó.
Además, destacó que el electorado no decidió sobre la base de consignas ideológicas procedentes de Washington, sino que sus prioridades fueron la economía doméstica y el precario sistema de salud.
"La carestía es lo que realmente empujó a la gente a acudir a votar", resumió el experto.
Ese malestar se tradujo en réditos tangibles en la Cámara de Representantes en estados vecinos. En Alabama, los demócratas conquistaron el segundo distrito electoral y aseguraron un escaño clave que consolida la representación de la minoría negra en el Capitolio federal tras años de litigios judiciales.
Un patrón similar se vislumbra en Luisiana, donde el reparto de escaños en el Congreso podría quedar en un histórico empate a tres si se confirma la ventaja demócrata en las dos contiendas aún pendientes del recuento.
Para Andra Gillespie, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Emory (Georgia), la inflación y el coste de la vida fueron la prioridad en las urnas entre la población de raza negra.
Pero Gillespie atribuyó además el vuelco electoral a "una coalición multirracial" descontenta con las políticas de Trump, que apoyó al Partido Demócrata más como castigo hacia los republicanos que por cercanía al partido.
"Con la disposición de votantes blancos independientes a votar demócrata, los demócratas finalmente articularon una coalición multirracial (...). Esa coalición se unió porque la gente está particularmente descontenta con las condiciones actuales", detalló a EFE.
Y sentenció que ya no se puede dar por sentado el 'Solid South' (Sur sólido), como se denomina tradicionalmente a este bloque conservador en el que los republicanos dominaban casi en cada cita con las urnas, aunque "llevará varios ciclos saber si esto ha sido una anomalía o el inicio de una tendencia".