¿Quién manda a quién? Diez señales de que tu gato es el verdadero dueño de tu casa

Gato.Shutterstock

Los expertos en comportamiento felino insisten en que los gatos no “dominan” en el sentido humano del término, pero sí aprenden con rapidez qué conductas les reportan beneficios. O dicho de forma menos técnica: saben perfectamente cómo conseguir que vos te adaptes a ellos.

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En teoría, sos vos el que paga el alquiler y las facturas. Pero cualquiera que conviva con un gato sabe que la sensación cotidiana es otra: la de estar viviendo en casa ajena… y trabajando para el inquilino peludo.

A continuación, diez pistas de que, en la práctica, el verdadero propietario del hogar tiene cuatro patas.

1. Te movés vos, él no

El gato se ha dormido en tu silla de trabajo o en tu parte del sofá. En lugar de desplazarlo, colocás otra silla, te sentás en el borde o acabás en el suelo con el celular. Si alguien improvisa “ingeniería de muebles” para no molestar a otro, suele ser el humano.

Gato.

2. Tu cama ya no es del todo tuya

Dormís en posturas imposibles porque el gato se ha instalado justo en el centro, o pegado a tus pies. Te despertás con calambres, pero no te atrevés a moverte para no interrumpir su plácido descanso.

El reparto del colchón habla claro.

3. El despertador tiene bigotes

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Podrías haber dormido una hora más, pero tu gato te reclama el desayuno con maullidos, saltos sobre el pecho o zarpazos cariñosos a las seis de la mañana. Y vos te levantás. Cada día. Sin negociación posible.

4. Ajustás tu agenda a sus necesidades

Antes de aceptar un viaje, pensás quién podrá ir a darle de comer, jugar con él o supervisar la medicación. Has rechazado escapadas “porque no tengo con quién dejar al gato” y conocés el horario de la clínica veterinaria mejor que el del dentista.

5. La decoración parece diseñada por él

Rascadores en el salón, estanterías despejadas para que trepe, cajas que nadie se atreve a tirar porque “le gustan”.

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El estilo de la casa ha girado lentamente hacia el “gato-céntrico”, y las alfombras están elegidas en función de lo bien —o mal— que resisten las uñas.

6. Es la estrella de tus redes sociales

Tu galería del celular está llena de fotos del gato durmiendo, bostezando o mirando por la ventana. En tus redes, amigos y familiares ya lo conocen por su nombre y preguntan por él como si fuera un miembro más del grupo.

7. El afecto se da cuando él quiere

Podés llamarlo, chasquear los dedos o agitar el juguete: si no le apetece interactuar, simplemente se marcha. Pero cuando decide subirse al regazo, posarse sobre el teclado o rozarte la cara con la cola, todo se detiene para atenderlo.

8. Sus gustos mandan en la despensa

Has probado varias marcas de balanceado hasta que encontrás una que “le convence”. Comprás snacks específicos, fuentes de agua filtrada y, si un sabor deja de entusiasmarle, reorganizás la compra.

El paladar más influyente de la casa no es el tuyo.

9. Controla el uso del espacio (y del ruido)

Bajás la voz si está asustado, evitás ciertos electrodomésticos cuando duerme o renunciás a cerrar alguna puerta porque “ahí le gusta estar”. Las visitas se organizan pensando en si el gato se estresará o no.

10. Tu presupuesto lo confirma

Entre arena, comida de calidad, juguetes, seguros y visitas veterinarias, el gasto anual en el gato es considerable. Raras veces escatimás: si hay que ajustar alguna partida, suele ser la tuya, no la suya.

Al final, tal vez la pregunta no sea quién manda a quién, sino quién ha domesticado a quién. Y la respuesta, para muchos hogares, es clara: el verdadero dueño de la casa mide menos de medio metro… y deja pelo en el sofá.

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