Qué es la pseudogestación
La pseudogestación es un trastorno hormonal que aparece, sobre todo, entre cuatro y nueve semanas después del celo. Aunque no haya habido fecundación, el organismo de la perra se comporta como si estuviera preñada o hubiera parido recientemente.
Tras el celo, todas las perras experimentan un aumento de progesterona. En algunas, la brusca caída de esta hormona y el incremento relativo de prolactina desencadenan cambios similares a los de la gestación y la lactancia. No es un problema de “imaginación” del animal, sino una respuesta biológica.
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Síntomas físicos y de conducta
Los signos varían en intensidad. Muchas perras muestran aumento de las mamas, producción de leche, ligera ganancia de peso y abultamiento abdominal. Pueden lamerse obsesivamente la zona mamaria, lo que agrava la secreción láctea y el riesgo de mastitis.
En el plano conductual, aparecen conductas maternales sin cachorros reales. La perra recoge peluches, zapatos u objetos blandos, los lleva a un rincón y los cuida; puede mostrarse muy protectora e incluso agresiva si alguien se acerca.
Otras se ven apáticas, con menos apetito, más pegajosas con sus tutores o, por el contrario, buscan aislarse.
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Impacto en la salud emocional
La pseudogestación genera un conflicto interno evidente. El cuerpo “dice” que hay cachorros; la realidad no. Esa disonancia puede traducirse en ansiedad, frustración e irritabilidad.
La perra vive un duelo por algo que, para ella, sí existe: la expectativa biológica de una camada.
La intensidad del malestar varía, pero los especialistas advierten que los cuadros repetidos pueden empeorar con cada celo y favorecer problemas de conducta crónicos, además de incrementar el estrés y la vulnerabilidad a enfermedades asociadas a las hormonas sexuales.
Qué hacer y qué evitar
Los veterinarios recomiendan no retar ni ridiculizar el comportamiento de la perra. Castigarla solo aumenta la ansiedad.
En cambio, conviene reducir la importancia de los “cachorros” retirando, de forma gradual y sin confrontación, los objetos que protege y redirigiendo su atención con paseos, juego y enriquecimiento ambiental.
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En casos leves, estas medidas y el tiempo suelen bastar para que el cuadro remita en unas dos semanas.
Cuando los signos físicos son intensos o el malestar emocional es evidente —agresividad, apatía extrema, rechazo de la comida— es fundamental acudir al veterinario. Puede ser necesario tratamiento farmacológico para frenar la producción láctea, aliviar el dolor y estabilizar el estado emocional.
Prevención y esterilización
La solución preventiva más eficaz es la esterilización. Al eliminar los ciclos hormonales, se reducen de forma drástica las posibilidades de pseudogestación y se disminuye el riesgo de tumores mamarios y piometras, infecciones uterinas potencialmente mortales.
Lejos de ser una excentricidad, el embarazo psicológico es una manifestación compleja de la biología y la emoción de las perras. Reconocerlo y tratarlo con empatía y criterio profesional es clave para proteger su bienestar integral.