Durante siglos, el Shar Pei —con su piel arrugada, hocico ancho y expresión severa— fue un perro ligado al sur de China. Hay rastros de tipos similares en el arte y registros antiguos, y durante mucho tiempo se le vio como un animal utilitario: guardián de granjas, perro de caza y, en algunas zonas, de combate.
Pero el giro decisivo de su historia no llegó por la crianza selectiva, sino por la política.
Tras el establecimiento de la República Popular China en 1949, la tenencia de mascotas pasó a considerarse un símbolo “burgués” en determinados periodos.
Las campañas ideológicas, la escasez alimentaria y la priorización de recursos empujaron a los perros —especialmente en áreas urbanas— a una situación precaria.
Lea más: Más allá de su apariencia: la complejidad del cuidado del Chow Chow y el Shar Pei
En la memoria de criadores y clubes caninos, la Revolución Cultural (1966-1976) figura como el momento más crítico: la cría organizada se desarticuló y la población del Shar Pei se desplomó hasta quedar, según recuentos posteriores, reducida a unos pocos ejemplares.
¿Cómo sobrevivió el Shar Pei?
La supervivencia del Shar Pei se jugó fuera de la China continental.
En Hong Kong —bajo administración británica— persistieron pequeños núcleos de aficionados, y desde allí se tejió una operación de rescate que hoy se cita como un caso emblemático de conservación de razas.
Una figura central fue Matgo Law, criador asociado a Down-Homes Kennel, quien en la década de 1970 buscó apoyo en el extranjero y promovió la importación de perros para reconstruir la población.
El impulso mediático llegó cuando publicaciones occidentales presentaron al Shar Pei como uno de los perros más raros del mundo, despertando la curiosidad de criadores y compradores en Estados Unidos.
El resultado fue tan rápido como paradójico: lo que había sido un animal casi invisible pasó a convertirse en objeto de deseo.
Lea más: El precio de la “pureza”: los problemas genéticos más comunes en las razas con pedigree
A finales de los setenta y durante los ochenta, el Shar Pei entró en circuitos de exposición y compañía, con programas de cría que multiplicaron su número.
Con el tiempo, organismos como el American Kennel Club terminaron reconociendo oficialmente la raza (1992), consolidando su lugar en el mercado global.
Un ascenso con costos
La demanda favoreció la reproducción acelerada y, con ella, problemas de salud vinculados a la selección por rasgos extremos, algo que veterinarios y asociaciones han señalado de forma recurrente.
Lea más: Estas son las razas de perros con más problemas de piel y así podés cuidarlos
Aun así, el arco histórico es difícil de igualar: el Shar Pei no solo escapó de una desaparición probable, sino que se transformó en un símbolo internacional —un recordatorio de cómo la política puede poner una raza al borde del abismo y, a la vez, cómo la presión mediática y el comercio pueden devolverla al mundo.