El sonido de un plato, el crujido de una bolsa o el simple gesto de sentarse a comer puede desatar en muchos perros una reacción automática: salivación abundante, mirada fija y expectativa. Es el llamado “reflejo de Pávlov”, un aprendizaje por asociación.
Si durante semanas o años el animal recibió bocados “de la mesa” —o atención— cada vez que aparecía comida, su cuerpo anticipa la recompensa y activa la salivación.
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Cuándo es normal y cuándo conviene preocuparse
Babeo leve ante estímulos apetitosos es habitual. Pero si la salivación es repentina, excesiva o viene acompañada de arcadas, mal aliento, sangre en encías, dificultad para tragar o cambios de conducta, puede haber problemas dentales, náuseas, estrés o incluso la presencia de un cuerpo extraño.
En esos casos, lo prudente es consultar al veterinario.
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Cómo desactivar la asociación en la mesa
El primer paso es cortar el refuerzo: si un perro recibe comida “aunque sea una vez”, el aprendizaje se mantiene.
La regla debe ser coherente para toda la casa: cero premios desde la mesa y nada de “solo hoy”.
Para evitar que el proceso se vuelva frustrante, conviene ofrecer una alternativa clara antes de sentarse a comer: su ración en su comedero, un mordedor seguro o un juguete rellenable que lo mantenga ocupado.
La herramienta más efectiva es entrenar una conducta incompatible con pedir: “a tu cama” o “quieto” en una manta a cierta distancia.
Se practica primero sin distracciones, con premios entregados allí y en calma; luego, gradualmente, durante comidas reales. La clave es recompensar el autocontrol, no la insistencia.
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Manejo del entorno y hábitos
Mientras el entrenamiento avanza, ayuda reducir tentaciones: no dejar comida al alcance, limpiar migas rápido y evitar que el perro deambule entre sillas.
También mejora el resultado establecer horarios de alimentación regulares y asegurarse de que el perro tenga suficiente actividad física y estimulación mental.
Con constancia, el “reflejo” pierde fuerza: la mesa deja de predecir comida y el babeo disminuye.