El lenguaje de las orejas: guía definitiva para entender qué te está diciendo tu perro

El lenguaje de las orejas de los perros.Shutterstock

Las orejas de un perro actúan como un radar emocional, revelando su estado anímico. Veterinarios advierten que interpretarlas en conjunto con otros signos corporales es esencial para entender sus necesidades y evitar conflictos en la convivencia diaria.

Las orejas de un perro son un pequeño radar emocional. Se mueven, se tensan, se aplastan o “bailan” con cambios mínimos que, para un observador atento, pueden revelar intención, miedo, curiosidad o calma antes de que aparezca un gruñido, un ladrido o una huida.

Veterinarios y etólogos coinciden en que leerlas bien exige algo clave: no interpretarlas aisladas, sino como parte de un “paquete” de señales corporales.

Orejas hacia delante: atención y posible excitación

Cuando las orejas se orientan al frente —a veces con un ligero avance del cuerpo— el perro suele estar focalizando un estímulo.

El lenguaje de las orejas de los perros.

Puede ser simple interés (un ruido, una persona nueva), pero también una elevación de la excitación.

En un contexto tenso, esa atención puede preceder a conductas de control del espacio o reactividad. La diferencia la marcan otros detalles: mirada fija, rigidez, cola alta y cuerpo endurecido sugieren alerta defensiva; una postura suelta y movimientos fluidos suelen indicar curiosidad.

Orejas “de avión” (hacia los lados): ambivalencia y búsqueda de información

Muchas personas interpretan estas orejas laterales como “simpáticas” o “tiernas”. A menudo lo son: indican que el perro está procesando información, intentando calmar la situación o mostrando incertidumbre.

Perro.

Es frecuente verlas cuando alguien se acerca demasiado rápido o cuando el perro no está seguro de lo que ocurrirá.

Si vienen acompañadas de lamidos de nariz, bostezo o giro de cabeza, suelen ser señales de apaciguamiento.

Orejas hacia atrás o pegadas: miedo, incomodidad o sumisión

Las orejas retraídas, especialmente pegadas al cráneo, suelen ser una bandera de incomodidad. Puede ser miedo (un ruido fuerte, una visita invasiva), pero también dolor o anticipación negativa.

El lenguaje de las orejas de los perros.

Si el perro además baja el cuerpo, evita la mirada o muestra el blanco del ojo, conviene aumentar la distancia y reducir la presión social. No es “culpa”: muchas veces es estrés.

Una oreja sí, otra no: escucha selectiva y doble atención

La asimetría —una oreja hacia el estímulo y otra en otra dirección— es común cuando el perro “divide” su atención: vigila el entorno mientras sigue interactuando.

El lenguaje de las orejas de los perros.

En paseos urbanos puede ser normal. En casa, durante el juego, suele indicar que está atento a vos y a lo que ocurre alrededor.

El contexto importa: raza, corte y movilidad

No todos los perros “hablan” igual con las orejas. Las razas de oreja caída (como beagles o cocker) pueden mostrar señales más sutiles, porque el pabellón tapa parte del movimiento.

En perros con orejas recortadas —una práctica cada vez más cuestionada— se pierde capacidad expresiva y, según especialistas, también parte de la comunicación con otros perros.

Cómo “traducir” bien: mirar el conjunto

Para evitar malentendidos, conviene observar tres cosas a la vez: orejas, ojos y tensión corporal.

Orejas adelantadas con cuerpo suelto suelen ser interés; orejas atrás con jadeo, rigidez o intentos de escapar apuntan a estrés. Y una regla práctica: si el movimiento de orejas viene acompañado de congelación (quietud repentina), es una señal de advertencia.

Entender las orejas no es un truco para “controlar” al perro, sino una herramienta para respetar sus límites. En muchos casos, leer a tiempo ese lenguaje silencioso es lo que evita conflictos y mejora la convivencia.

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