La pandemia del pánico y el miedo a la muerte

En esta pandemia, la muerte acecha y es inevitable tener miedo, desde una leve ansiedad hasta un pánico descontrolado, dice el poeta, psicólogo clínico y psicoanalista Osmar Sostoa y sostiene que “somos seres mortales y frágiles y valoramos nuestras vidas. Este abrumador ambiente nos mantiene a todos en gran medida encerrados, con poca o nula vida social y con el temor de vivir al filo de la navaja”.

Una ilustración de la artista Rebeca Benítez.
Una ilustración de la artista Rebeca Benítez.

Los psicólogos atienden en apariencia solo el pánico generado por el miedo a morir de covid-19, mientras que esta reacción social generalizada despierta al mismo tiempo otras angustias existenciales que estaban dormidas, o reprimidas, o inhibidas, o latentes, o con síntomas leves, o con síntomas acallados por medicaciones permanentes, tales como ansiolíticos, antidepresivos, entre otros.

También, esos conflictos pudieran estar canalizándose desde antes ya a través del alcohol u otras drogas, adicciones diversas, conductas violentas y de riesgos, hasta los casos de dolencias orgánicas generadas por sufrimientos emocionales, reflexiona Osmar Sostoa psicoanalista, en estos tiempos que envuelven a las familias en un profundo dolor, luto y desolación.

Sostoa dice que no se trata solamente de estar preparados para enfrentar el miedo a la muerte. “Es que tampoco estamos listos para confrontar con nuestros conflictos internos subyacentes que, guardados bajo llaves y cadenas en el sótano de nuestras mentes, se nos escapan como bandadas de murciélagos en pleno día, dada la convulsión social generada por esta calamidad”.

Sostoa agrega que desde luego que necesitamos respuestas a este aislamiento y el aburrimiento por no poder realizar nuestras actividades sociales como antes. “Necesitamos recuperar aquello que nos hacía sentir bien con uno mismo, aquello que no era solo llenar un vacío de nuestras vidas. Pero si estábamos solo tapando un agujero, evadiendo resolver nuestros problemas, es momento de buscar ayuda profesional para encaminar una solución existencial profunda”.

“Estamos corroborando el padecimiento de familiares, vecinos, amigos, de gente de todo el país y del mundo. Las noticias nos abruman con estadísticas de contagios y decesos de personas. No pudimos haber estado preparados para una situación atípica como ésta que, según los registros históricos, viene ocurriendo aproximadamente cada cien años. Muchas veces nos invade el deseo de ser libres y volar como los pájaros, pero nos olvidamos de que nuestras alas son de cera y el sol las derrite. Buscamos liberarnos de las represiones, inhibiciones, traumas y conflictos que nos atan de pies y manos en algunos casos. Pero justamente reflexionar sobre este último término –conflictos– nos permite bajar del mito o la fantasía de las alas hasta una idea más plausible, la de las velas, para poder navegar en las aguas tormentosas de la pandemia, con sus peligros y posibilidades”, señala Sostoa.

Descontrol

También reflexiona sobre los accesos, la falta de empatía muchas veces, de la mucha gente que aún arriesga sus vidas y las de los demás con comportamientos imprudentes. “No sabemos si siempre fueron así o es una reacción de escape a la circunstancia actual, una respuesta impulsiva, no pensada. Tampoco sabemos con precisión si es su manera habitual de responder a fenómenos desafiantes que los afectados sienten que los coloca en un callejón sin salida y los lleva a responder inconscientemente, mediante un exceso de alcohol u otra droga, de velocidad o cualquier otro acto temerario”.

“Cuando somos de un estamento socioeconómico holgado, vivimos navegando en las aguas serenas de la estabilidad laboral, el ingreso mensual seguro, con hábitos y costumbres tradicionales hoy bombardeados incesantemente por el consumismo hedonista, no nos damos cuenta de que veníamos dejando agrietarse nuestras barcas, filtrando soledades frías, calafateándolas por cuenta propia, sin parar un rato en el astillero. En tales condiciones, no estamos preparados para un tsunami. Es más, al principio no creemos que eso nos pueda llegar con tanta fuerza. Ni los políticos y autoridades lo creían y varios de ellos seguían con sus erráticas e improductivas distracciones electoralistas”, dice.

“Hasta el tsunami es una imagen que queda pequeña para representar esta crisis sanitaria mundial y su nivel de conmoción nacional. Y ahora el susto es mayor porque la veníamos subestimando. Quienes sabían lo advertían, pero no se les escuchó; y no precisamente porque se les atendía más a los negacionistas, sino tal vez por la incredulidad acerca de la envergadura que hubiera podido alcanzar”, finaliza.