“Hemos perdido el sueño de libertad y vivimos desorientados”, lamenta obispo en Caacupé

Monseñor Roberto Zacarías cuestionó la pérdida de libertad y la desorientación que atraviesa la sociedad.

Monseñor Roberto Zacarías, obispo de la diócesis de Canindeyú, advirtió sobre la desorientación social, la pérdida de la libertad y la desconfianza generada por la inseguridad, y llamó a una conversión auténtica y al compromiso con el bien común. Fue durante la misa central en la basílica de Caacupé.

Monseñor Roberto Zacarías afirmó que la sociedad vive desorientada, ha perdido su sueño de libertad y ya no confía ni en Dios ni en las personas.

En su homilía, el prelado lamentó el clima de confusión que atraviesa a la sociedad y sostuvo que la inseguridad ha generado una profunda desconfianza que afecta tanto a la fe como a la convivencia social.

“Estamos confundidos, no solamente desconfiamos de Dios, desconfiamos de todo el mundo por la inseguridad. No tenemos libertad”, expresó ante los fieles congregados en el principal santuario mariano del país.

Zacarías señaló que esta situación repercute especialmente en los jóvenes, a quienes consideró los más expuestos a la falta de horizontes y de esperanza. En ese contexto, remarcó la gran responsabilidad que recae sobre los pastores, educadores cristianos y las familias en la formación integral de la juventud.

“Es una obligación muy grande la que recae sobre los padres de las almas y los educadores cristianos, la de guiar a la juventud moderna”, afirmó.

Dejar de lado los intereses individuales

Durante su reflexión, el obispo manifestó su compromiso personal con esta misión y aseguró que es necesario dejar de lado los intereses individuales para priorizar el bien común.

“Hoy estoy aquí, disponible, y delante de Dios renuevo el compromiso de estar atentos a su invitación, dejando de lado nuestros intereses personales y respondiendo con generosidad”, expresó.

El mensaje central estuvo marcado por la Eucaristía y el anuncio del Reino de Dios. Zacarías recordó que los cristianos, al alimentarse de Cristo, reconocen que pertenecen a Dios y que son seguidores de Jesucristo, a quien definió como “nuestra luz y nuestra salvación”.

En ese sentido, instó a los fieles a trabajar constantemente la fe en la mente, el corazón y la vida cotidiana.

Al profundizar en las lecturas bíblicas del día, el obispo se refirió al Evangelio de Mateo, que narra el inicio de la vida pública de Jesús en Galilea, una región marcada por las tinieblas y la confusión. Señaló que esta elección simboliza la presencia de Dios allí donde más se lo necesita y representa una invitación permanente a la conversión. “Convertirse es una actitud vital que nos permite dejarlo todo y ponernos en camino detrás de Él”, explicó.

Asimismo, destacó el llamado de Jesús a los primeros discípulos y la fuerza de atracción que tuvo para que dejaran sus redes, su oficio y sus seguridades. “Ser cristiano es seguir a Jesús, dejar la vida pasada atrás y caminar hacia el encuentro con el Padre”, sostuvo.

Crisis de fe

Zacarías también advirtió sobre lo que definió como una crisis de fe, que está en la raíz de muchas otras crisis actuales, incluidas las vocacionales. Citando al papa Pablo VI, recordó que “toda verdadera vocación nace de la fe, vive de la fe y persevera con la fe”, y subrayó la importancia de la familia como primer espacio donde se aprende a amar a Dios, participar en la Iglesia y vivir la fe de manera cotidiana.

Finalmente, el obispo llamó a profundizar la amistad con Jesús a través de la oración, la Eucaristía, el rosario, la visita a los enfermos y el compromiso con los más necesitados.

En el marco del Domingo de la Palabra, concluyó su homilía con una oración, pidiendo que la Palabra de Dios sea alimento en el camino, esperanza para las comunidades y fuente de fraternidad.

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