Durante la homilía de apertura, el obispo de Villarrica, monseñor Miguel Ángel Cabello, propuso la figura bíblica del rey David como modelo para las familias de hoy, destacándolo no solo como un guerrero victorioso, sino principalmente como un hombre profundamente devoto, agradecido y confiado en Dios.
El prelado recordó que, pese a sus errores, David fue capaz de reconocer sus faltas y volver a Dios con un corazón sincero, expresando su fe a través de la oración, el canto y la alabanza. Esa actitud, señaló, es la que deberían asumir las familias cristianas: ser firmes y valientes frente a las dificultades, pero al mismo tiempo profundamente orantes.
Monseñor Cabello advirtió que las familias enfrentan hoy múltiples presiones que buscan debilitar sus fundamentos humanos y cristianos, en un escenario donde la fe se vuelve frágil y los valores tradicionales son cuestionados. En ese sentido, sostuvo que vivir coherentemente el Evangelio implica, muchas veces, incomprensión, críticas y sacrificios.
Asimismo, comparó la figura de David con la de los mártires cristianos, como San Pablo Miki y sus compañeros, resaltando que la fidelidad a la fe exige compromiso y, en ocasiones, renuncias personales. Subrayó que esta lucha no se da desde la confrontación, sino desde la perseverancia, la oración constante y la confianza en que Dios acompaña y sostiene a quienes buscan vivir conforme a su voluntad.
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En un segundo eje de su mensaje, el obispo puso el acento en la necesidad de restaurar la vida familiar desde el interior del hogar. Señaló que la misión evangelizadora comienza en la familia y que no puede haber anuncio creíble del Evangelio sin un testimonio coherente de vida, marcado por el respeto, el amor y la responsabilidad.
Al reflexionar sobre el pasaje evangélico de la muerte de San Juan Bautista, monseñor Cabello lamentó la ausencia de una familia sana en ese relato, caracterizada por relaciones marcadas por el adulterio, la manipulación y la pérdida del respeto a la dignidad humana. Indicó que estas realidades no son ajenas a la sociedad actual y pueden reproducirse cuando se descuidan los valores esenciales.
El obispo advirtió además que los comportamientos y vicios de los adultos tienen consecuencias directas en los hijos, remarcando que las nuevas generaciones aprenden más del ejemplo que de las palabras. Por ello, instó a los padres a asumir con responsabilidad su rol formador, conscientes del impacto de sus decisiones en el futuro de sus familias.
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En la parte final de su reflexión, monseñor Cabello invitó a las familias a renovar su compromiso con la fe, la esperanza y la caridad, para convertirse en espacios de vida y amor, capaces de irradiar valores cristianos en la sociedad y ser portadoras de esperanza en medio de las dificultades actuales.
Finalmente, alentó a los participantes del Congreso a regresar a sus hogares fortalecidos espiritualmente y con mayor conciencia de su misión, reafirmando que la defensa de la familia comienza en la vida cotidiana y en la fidelidad al Evangelio.