Doña Tomasa, Francisca y Nimia Dávalos continúan con el denominado chipá apó, respetando la receta tradicional a base de almidón, harina de maíz, queso, huevo y leche, cuyos secretos fueron heredados de sus padres, quienes les inculcaron la importancia de preservar esta práctica cultural.
El proceso se inicia con la preparación del tatakuá, tarea que queda a cargo de doña Tomasa, quien se encarga de encender el horno de barro con abundante leña hasta alcanzar la temperatura ideal. Sin necesidad de instrumentos de medición, la mujer utiliza su experiencia para determinar la temperatura exacta, acercando la mano a la boca del horno.
Mientras tanto, doña Francisca se ocupa de ultimar detalles de la masa y dar forma a las chipas, elaborando las figuras tradicionales como argollas, yacaré y otras presentaciones típicas de esta tradición.
Las hermanas explicaron que el secreto para obtener una buena chipa radica en el equilibrio de los ingredientes, especialmente en la cantidad justa de queso, grasa de cerdo, leche y huevo. En esta ocasión, prepararon unos cuatro kilos de masa, con los que elaboraron aproximadamente 50 chipas de gran tamaño para compartir en familia.
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Una vez que el tatakuá alcanza la temperatura adecuada, se retiran las brasas y se introducen las bandejas con las chipas moldeadas, que en unos 20 minutos ya están listas para el consumo.
Finalmente, resaltaron que la chipa no puede faltar acompañada del tradicional cocido, considerado el complemento esencial en la mesa durante la Semana Santa. Asimismo, destacaron que esta tradición sigue siendo transmitida a las nuevas generaciones, con el objetivo de mantener viva una de las costumbres más arraigadas del país.