La doctora Andrea Ojeda relató que este año la influenza comenzó a circular en enero, cuando lo habitual es que su mayor impacto se observe en los meses más fríos, es decir cerca del invierno. Este comportamiento y el aumento de casos -argumentó- obliga a prever una mayor presión sobre los servicios de salud en otoño e invierno.
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En paralelo, las consultas por cuadros de influenza ya muestran un crecimiento significativo. De acuerdo con los datos de Vigilancia de la Salud, en la última semana epidemiológica se registró un aumento del 22% en las atenciones ambulatorias. Ojeda advirtió que, una vez que esta curva empieza a subir, es poco probable que descienda rápidamente, especialmente al inicio del invierno.
Los más afectados: adultos mayores y no vacunados
Los casos más graves y fallecimientos siguen centrándose en los adultos mayores, personas con enfermedades de base y niños pequeños. “Siempre los extremos de la vida son los que más se enferman”, afirmó la directora al explicar que estos grupos presentan mayor vulnerabilidad frente a complicaciones.
Además, mencionó que gran parte de las personas fallecidas no contaban con vacunas contra influenza ni covid-19, lo que refuerza la importancia de la inmunización como herramienta para reducir cuadros graves.
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Riesgo de contagio en espacios cerrados
Actualmente circulan varios virus respiratorios en simultáneo, entre ellos influenza, rinovirus, virus sincitial respiratorio y, en menor medida, covid-19. La doctora señaló que esta coexistencia aumenta las probabilidades de contagio, especialmente en espacios cerrados como escuelas y oficinas.
En ese contexto, insistió en la importancia de reforzar medidas básicas que suelen relajarse con el tiempo. Pidió evitar asistir enfermo a clases o al trabajo, usar mascarilla ante los primeros síntomas y mejorar la ventilación de los ambientes.
También subrayó la necesidad de fortalecer los controles en instituciones educativas, donde pueden generarse brotes rápidamente si no se aplican filtros adecuados. “Ahí es donde se produce el contagio masivo dentro del aula”, advirtió.
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Vacunación para reducir complicaciones
La directora aprovechó para aclarar que la vacuna contra la influenza no evita necesariamente contraer el virus, pero sí reduce el riesgo de cuadros graves. Además, recordó que la inmunización tarda aproximadamente dos semanas en generar efecto en el organismo.
Así también, recordó que incluso quienes ya tuvieron influenza deben vacunarse, ya que las dosis disponibles incluyen otras cepas del virus. En estos casos, se recomienda esperar alrededor de un mes después del cuadro agudo para aplicarse la vacuna.
Actualmente, el sistema de salud dispone de vacunas contra influenza, neumococo —dirigida a mayores de 60 años, niños pequeños y personas con enfermedades de base— y el anticuerpo monoclonal nirsevimab para prevenir complicaciones por virus sincitial en recién nacidos.