Volver a una Copa del Mundo tiene un efecto que va mucho más allá del fútbol. La clasificación despierta recuerdos, sentimientos y una emoción colectiva que estuvo dormida por demasiado tiempo. De repente, hasta gente que nunca habló del tema aparece discutiendo sobre alineaciones, esquemas tácticos, horarios y rivales a vencer. Hay algo nuevo en el aire.
Va a ser un Mundial distinto. Ya no serán 32 los clasificados, sino que pujarán 48 selecciones. Bien por la posibilidad de que más países participen, más hinchadas viajen y se mezclen más culturas. También hay que decirlo, con dura sinceridad: “Business are business my friend”. Así es el fútbol moderno, un enorme engranaje de producir dinero.
Tampoco hay que mirar esto con ironía. Detrás de esta expansión aparecen oportunidades enormes para países como el nuestro. Paraguay se suma, ahora desde el ámbito deportivo, a la mesa de negocios internacional, y saca pecho en las pantallas, redes sociales y medios extranjeros. Esto, bien aprovechado, generará movimiento económico tangible.
El comercio ya se puso las pilas. El sector privado es muy rápido para adaptarse. Habrá promociones, pantallas gigantes, paquetes turísticos y ofertas vinculadas al deporte rey. Los restoranes y bares, estaciones de servicio, supermercados y hasta pequeñas despensas van a encontrar la manera de sumarse… y sumar.
Las oficinas se van a acomodar. Reuniones más cortas, pausas “estratégicas” y funcionarios mirando de reojo la hora cuando juegue la Albirroja. Algunos van a fingir concentración frente a la pantalla de la computadora, mirando otra cosa… El Mundial cambiará por un par de semanas muchas rutinas.
Y no está mal que sea así. En tiempos de tanta división y posiciones antagónicas, pocas cosas quedan que unen emocionalmente a la gente. El fútbol, con todos sus defectos, sigue siendo uno de esos espacios que genera sentimientos en común, dejando de lado ideologías y posiciones sociales.
Ojalá sepamos potenciarlo mejor. No solamente desde el consumo inmediato, sino desde el turismo, la imagen país y la capacidad de generar actividades alrededor de cada partido. El Mundial puede ser una fiesta breve o una plataforma inteligente para mostrar otra cara del Paraguay.
Y no nos conformemos con participar. Juguemos desde el primer partido con el objetivo de pasar a la siguiente ronda. No como una expresión de deseo, sino como una meta posible y al alcance de las manos, pero más de los pies.
Mientras el país acomoda sus agendas, horarios y compromisos, conviene también aunar el ánimo colectivo. Que esta alegría nos recuerde que el Paraguay puede moverse unido. Ojalá que el espíritu patriota que despiertan los muchachos de Alfaro contagie también a todos los ámbitos de la sociedad. ¡Vamos Albirroja que se puede!