La celebración de la misa central fue presidida por monseñor Ricardo Valenzuela y concelebrada por el presbítero Modesto Martínez, con la participación de cientos de fieles que llegaron hasta la compañía Minas para expresar su devoción al santo patrono de la comunidad y participar del acto religioso que reúne cada año a pobladores, peregrinos y visitantes de distintos puntos del país.
Durante su homilía, el obispo de la Diócesis de Caacupé recordó la vida de San Francisco Solano, a quien definió como un incansable sembrador del Evangelio en América. Señaló que su ejemplo de humildad, servicio y entrega sigue siendo una inspiración para los cristianos, especialmente en tiempos en que es necesario fortalecer la fe y promover la unidad entre las personas.
A partir de la Parábola del Sembrador, monseñor Valenzuela invitó a los presentes a preparar el corazón para recibir la Palabra de Dios y permitir que esa semilla produzca frutos de fe, amor, esperanza y fraternidad.
Afirmó que cada creyente está llamado a sembrar valores cristianos en la familia, el trabajo y la comunidad, siguiendo el ejemplo del santo patrono.
Una tradición arraigada de Minas
El prelado también destacó el compromiso de los pobladores de Minas por conservar una celebración que trasciende lo religioso y constituye un importante patrimonio cultural. Afirmó que las tradiciones fortalecen la identidad de los pueblos y permiten transmitir a las nuevas generaciones la riqueza espiritual e histórica heredada de sus antepasados.
Guaikuru Ñemonde
Uno de los momentos más esperados de la jornada fue nuevamente el Guaikuru Ñemonde, una representación tradicional de los promeseros emplumados de San Francisco Solano, que ya tiene más de un siglo de historia y distingue a la compañía Minas.
Decenas de hombres y niños caracterizados como guaikurúes recorrieron la comunidad con sus máscaras de tela o caretas y vestimentas confeccionadas con plumas de aves, recreando una de las expresiones culturales más emblemáticas del departamento de Cordillera.
Esta manifestación, declarada patrimonio cultural de la comunidad, simboliza el proceso de evangelización en los pueblos indígenas de América y el encuentro entre la fe cristiana y las tradiciones populares.
Año tras año, atrae a cientos de visitantes que llegan para conocer una costumbre única en el país, transmitida de generación en generación gracias al compromiso de los pobladores.
La celebración concluyó en un ambiente de profunda religiosidad y participación comunitaria, reafirmando que la festividad de San Francisco Solano continúa siendo una de las expresiones de fe y cultura más importantes de Cordillera, donde la devoción religiosa y las tradiciones ancestrales permanecen vivas gracias al esfuerzo de toda la comunidad.