“El caso de ueno Bank me trae a la memoria la expresión de un pensador que decía ´la corrupción no es solo el robo del dinero público, es el robo de la esperanza del pueblo´“, reflexionó el obispo, que actualmente participa de la Asamblea de los Obispos en el Seminario Metropolitano.
Reitero su preocupación en el sentido de que esta crisis financiera recaiga sobre el pueblo, que deba pagar con sus impuestos o la colocación de bonos a corto o largo alcance. “Creo que esto no tiene que terminar en el opareí, no se tiene que guardar nada debajo de la alfombra. Se les debe aplicar un castigo ejemplar porque no se puede jugar con el dinero del pobre. “Ovalema... Basta. Necesitamos una redención financiera”.
El obispo sostuvo que los rostros sobresaltados, tristes, desesperados e impotentes de gente sencilla de nuestro pueblo que prestan servicio como Bolt, peluquera, taxista, albañil, plomero, panchero, delivery y tantos otros rostros de a pies, ayer, se sintieron solos, engañados, abandonados por este banco y ni que decir por sus autoridades civiles que el pueblo los eligió para gobernar sus vidas y hoy están abandonados a la suerte de Dios.
Se preguntó: ¿El poder judicial será que realizará una investigación exhaustiva sobre los responsables de la situación de este banco y se dará un castigo a cada responsable?. Pidió que “ruede la cabeza de quien ruede”.
Insistió en cuestionar y afirmó qué pasará con el presidente de BCP y todos sus consejeros; ¿se van o se quedan? porque así como están, el pueblo y los empresarios ya le han perdido la confianza en su gestión.
“Tengo vergüenza ajena cuando escucho a algunas autoridades de ciertos poderes del Estado que quieran justificar y defender lo indefendible. ¿Hasta cuándo?”, resaltó.
“Es mi simple opinión como un ciudadano paraguayo y pastor de la Iglesia Católica”, dijo en su reflexión que compartió con medios de comunicación.