Una década después...

El reto del día en las redes es el #TenYearsChallenge, un comparativo de la vida actual de las personas con relación a una década atrás. Aplicado a la vida de ciertos políticos, el desafío tiene el condimento particular de los vaivenes del poder.

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Hoy las redes se llenaron de fotos y gente mostrando cómo eran hace 10 años y cómo son hoy. En buen castizo, el hashtag no significa otra cosa que "el reto de los diez años". Comparado con otros desafíos a los que nos indujo internet (como tirarse un balde agua helada encima para concientizar sobre la esclerosis lateral amiotrófica o bailar al lado de un auto en movimiento) este es fácil y al alcance de la mano de todo aquel a quien le guste mostrarse y no se le hayan borrado las fotos de hace diez años.

Mario Abdo Benitez (d), hace 10 años ya era vicepresidente de la ANR.
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Del poder a la llanura. O al revés. En la política 10 años son más que suficientes para redefinir el estatus de ciertos personajes. Uno de los que vive sus mejores épocas, si se mira dos lustros en retrospectiva, es el presidente Mario Abdo Benítez

En 2009, un joven “Marito” daba sus primeros pasos serios en la política, siempre de la mano del Partido Colorado, luego de asumir en 2008 como vicepresidente de la ANR. Había llegado a ese cargo liderando el movimiento “Paz y Progreso”, una alusión directa a uno de los lemas de la dictadura de Alfredo Stroessner.

A partir de ahí inició una carrera política ascendente y llegó a ocupar en 2013 una banca en el Senado, donde rápidamente se posicionó como líder de la disidencia colorada, encabezando el movimiento Colorado Añeteté que posteriormente le permitió liderar la chapa presidencial por la Asociación Nacional Republicana (ANR), y llegar a la presidencia de la República en 2018.

Hace una década no usaba barba, no tenía canas y era más rellenito. 

Ahora, diez años después, se encuentra ubicado en el más alto estamento de Gobierno del país, y pese a su juventud, al fin de su mandato encontraría el tope de su carrera política, siempre que respete las leyes vigentes, y cumpla con su promesa de no buscar la reelección (algo ilegal actualmente) y tampoco busque artimañas para no ser senador vitalicio, como dicta la Constitución Nacional.

El caso del expresidente Horacio Cartes es particular. Podría decirse que tras 10 años retornó al mismo sitio donde estaba entonces. En 2009, Cartes era un conocido dirigente futbolístico del Club Libertad ( y de la Asociación Paraguaya de Fútbol) y empresario tabacalero con un grupo empresarial diverso. Su apellido también era ocasionalmente mencionado cuando se hablaba de narcotráfico.

Ese año, hacía su primera incursión en política afiliándose a la ANR, ya con la explícita intención de postularse más adelante a la Presidencia de la República. Nunca antes había siquiera votado en una elección nacional. 

En abril de 2013, llegó a la cúspide política alcanzando la presidencia de la República, en medio de un escenario político complicado con la destitución vía juicio político del expresidente Fernando Lugo.

En 2018 completó su mandato con más sombras que luces, y con una enorme mancha de sangre por los incidentes que generó al intentar violar la Constitución Nacional para buscar su reelección presidencial, algo que como hecho más grave generó el asesinato del joven Rodrigo Quintana a manos de la Policía en la sede del PLRA.

La década sorprende a Cartes en la misma llanura política en la que inició, tras un fracasado intento de asumir como senador activo. Eso sí, tiene un fortalecido imperio económico, al que durante sus años al frente del poder ejecutivo sumó varios medios de comunicación.

Horacio Cartes en 2009 y a la derecha, foto más reciente. Volvió a sus orígenes, que es el fútbol. 

Actualmente se lo ve más activo en su rol de dirigente del Club Libertad que en política, donde eventualmente opina pero a través de sus redes sociales. Sigue figurando como principal referente del movimiento Honor Colorado, que empieza a conocer importantes disidencias.

El expresidente y actual senador por el Frente Guasu, Fernando Lugo, empezaba justo hace diez años a afrontar problemas por su condición de padre -y no precisamente de la Iglesia Católica-. Cuando empezó el 2009, la mayoría de los paraguayos no sabía que Lugo tenía hijos, engendrados cuando era sacerdote; cuando terminó el año había reconocido pública y legalmente a uno y soportaba varias demandas para que lo hiciera con otros. 

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Ese no sería el mayor de los conflictos durante su gobierno, que de hecho terminó abruptamente mediante un juicio político tras la conocida como masacre de Curuguaty. Posteriormente, en 2013 y 2018 respectivamente, Lugo fue electo senador de Nación, encabezando la lista del Frente Guasu.

Actualmente, pese a ser el principal referente de la concertación de izquierda, el legislador mantiene un perfil bajo, e interviene sólo ocasionalmente, en temas de su interés. Uno de los únicos temas vidriosos que asumió siendo presidente del Congreso el año pasado, es no permitir el juramento de Nicanor Duarte Frutos y Horacio Cartes como senadores activos

El antes y después de Óscar González Daher.

Hace una década, Óscar González Daher era más flaco, pero ya usaba el peluquín que le dio el apodo. Gozaba de plenos poderes como todopoderoso en la ciudad de Luque. Allí era una especie de emperador y decidía sobre vida y hacienda de miles de personas. Preparaba su camino político para llegar apenas un año después a la presidencia del Congreso (2010-2011).

El 2009 también fue un año productivo para las finanzas del legislador, ya que en ese año fundó una de sus empresas, que casi 10 años más tarde pasaron a formar parte de la investigación en su contra por “lavado de dinero”.

En 2018 se inició su debacle, ya que sufrió dos fulminantes golpes políticos: una expulsión del Congreso (periodo (2013-2018) a raíz del escándalos de los audios que revelaron el tráfico de influencias en la justicia, comandado por González Daher desde el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM) y una renuncia obligada como senador (periodo 2018-2023) por la investigación de presunto lavado de dinero y enriquecimiento ilícito.

Está última causa además le valió de hecho recibir el año nuevo en prisión preventiva en la Agrupación Especializada, junto con su hijo Rubén González Chaves, medida que mantiene hasta ahora. Además, la Fiscalía ya presentó acusación y solicitó juicio oral y público para el mismo.

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