Históricamente, América Latina ha sido descrita como la región con un territorio inmensamente rico en recursos naturales y dinamismo demográfico atrapado en un ciclo de promesas incumplidas.
Según el informe “América Latina en 2026: Entre promesas y retos, la respuesta es la opcionalidad” de JP Morgan, la región se encuentra en una encrucijada donde factores externos e internos alinean los astros para un crecimiento más sostenible y predecible.
El crimen espanta la inversión
A pesar de albergar el 40% de las reservas de cobre del mundo y más del 50% de litio, la participación de la región en el PIB mundial sigue estancada en torno al 7%.
JP Morgan identifica variables complejas como los frenos históricos: inestabilidad política, fragilidad fiscal e inseguridad crónica.
Solo el crimen y la violencia le cuestan a la región un 3,4% de su PIB anual, lo que erosiona la confianza y espanta la inversión a largo plazo.
Para países como Paraguay, que buscan aprovechar su doble grado de inversión y atraer capitales extranjeros, estas advertencias son cruciales.
El informe subraya que la desconfianza en las instituciones es una barrera compartida: solo el 35% de los latinoamericanos confían en sus gobiernos, una cifra muy inferior al promedio de la OCDE.
La geopolítica como viento a favor
La diferencia del 2026 de ciclos anteriores es el contexto global. Las tensiones entre grandes potencias y la necesidad de cadenas de suministro más seguras han dado paso a fortalecer el nearshoring y el friend-shoring; o cómo propone la Cepal, la instrumentalización del comercio exterior.
En este escenario, la proximidad de la región a los grandes mercados de consumo y su alineamiento ideológico mayoritario se convierten en activos estratégicos.
Además, la transición hacia economías verdes ha revalorizado los activos de la región. América Latina posee una de las matrices eléctricas más limpias del mundo, con un 60% de generación proveniente de energías renovables.
Este factor es una ventaja competitiva directa para Paraguay, cuya abundancia de energía hidroeléctrica lo posiciona como un nodo natural para industrias que buscan reducir su huella de carbono.
El péndulo político
Uno de los puntos más destacados del análisis de JP Morgan es el realineamiento político. Tras años de populismo y volatilidad, se observa un giro hacia liderazgos más centristas y pragmáticos. El informe señala que los abrumadores muestran signos de fatiga y exigen, por encima de todo, estabilidad y seguridad.
Este cambio de clima político es fundamental para la previsibilidad que exigen los inversores. “Existe una mayor conciencia de que, para lograr un crecimiento sostenible, hace falta no solo recursos, sino también seguridad, gobernanza y capital humano”, señala el informe.
El factor demográfico y digital
Mientras que China y Europa enfrentan poblaciones envejecidas, América Latina goza de un bono demográfico con una mediana de edad de 31,3 años; sin embargo su pico llega en 4 años.
Esta fuerza laboral joven no solo impulsa el consumo, sino que muestra una alta adopción de la innovación tecnológica. La penetración de internet en la región alcanza el 82% según el informe, lo que ha disparado sectores como la tecnología financiera y el comercio electrónico.
Perspectivas: divergencia y resiliencia
A nivel macroeconómico, JP Morgan proyecta un crecimiento regional del 2,1% para 2026, con una inflación que tiende a estabilizarse en torno al 3,7% gracias a la gestión de los bancos centrales de la región.
Si bien el crecimiento proyectado para gigantes como Brasil (1,7%) y México (1,3%) es moderado, otros países del bloque muestran mayor dinamismo, apoyados en la resiliencia del consumo interno y términos de intercambio favorables en sectores clave como la minería y la agricultura.
De acuerdo a JP Morgan la región creció el 2025 un 2,3% a pesar de las guerras comerciales y la incertidumbre política y estima que el PIB regional crezca un 2,1% este año.
JP Morgan proyecta que Chile y Perú crezcan un 2,2% y un 2,9%, confiando en el consumo interno y el sector minero, mientras Argentina se desacelerará hacia un crecimiento del 3,1% y Colombia crecerá marginalmente, tomando en cuenta el ambiente preelectoral y la caída de las inversiones privadas.
Paraguay apunta a sumar su cuarto año consecutivo de crecimiento con expectativas positivas para el 2026 y un promedio cercano al 5% anual. Este desempeño estará impulsado, por los sectores de manufacturas y servicios, que ganan protagonismo en la economía nacional.
Para JP Morgan, esta vez las cosas podrían ser diferentes, siempre y cuando la región aprenda a monetizar su potencial y a navegar los riesgos de una economía global cada vez más fragmentada.