Paraguay está de moda en el mundo, esto ya lo sabemos. La presión impositiva de los grandes vecinos, sumada a nuestra benevolente política de incentivos fiscales, la macroeconomía bien cuidada que crece de manera sostenida hace años, salarios más bajos que los de la región y una estrategia gubernamental orientada a atraer inversiones hicieron que muchas empresas, emprendedores y profesionales autónomos vean a nuestro país como una alternativa segura, rentable y de bajo riesgo. La cercanía del actual gobierno con EE.UU., el reciente doble grado de inversión y el providencial acuerdo de libre comercio con la Unión Europea completan el escenario positivo.
Y con la llegada de las inversiones y la importación de talentos, un nuevo fenómeno gana fuerza. Los profesionales que realmente aportan valor a las empresas dejaron de “buscar trabajo” y pasaron a ser disputados como lo que son: un activo estratégico para la competitividad.
En varios rubros, tales como el desarrollo de software, la industria farmacéutica, el sector de servicios de recursos humanos y las fintechs, la competencia por atraer y retener a los mejores talentos se hace cada día más intensa, tanto en los niveles de mandos medios como en la alta gerencia. Y en un mercado caliente, usar solamente el sueldo como atractivo ya no es una opción. Suelo usar una metáfora futbolística para explicar el fenómeno: el crack que hace goles, nunca se queda sin equipo para jugar. ¡Y si no le valora su equipo actual, le contratará el Paris Saint Germain o el Manchester United!
El mercado laboral necesita actualizarse e incorporar prácticas que ya se demostraron efectivas en países con un desarrollo más maduro de su sector empresarial. Entre esas prácticas, aparece con fuerza total el concepto de incentivos basados en desempeño.
Aplicando un cuidadoso análisis de los indicadores clave de desempeño, los muy nombrados “KPIs”, sumado a una cultura que premia la actitud positiva y los buenos resultados, las organizaciones comienzan a ofrecer adicionales flexibles a sus colaboradores, como una alternativa a la muy gastada táctica del simple aumento de sueldos, que además de poco eficiente, genera pasivos laborales que las empresas no están dispuestas a asumir en un momento tan volátil.
El modelo es sencillo: por medio de plataformas especializadas de gestión de incentivos, las empresas pasan a medir con mayor precisión y frecuencia el desempeño de todos sus empleados, incluyendo no solamente los que tradicionalmente ya trabajan con remuneraciones variables, como es el caso del equipo comercial, y abarcando a la totalidad de su nómina, con paneles de control que permiten identificar a los colaboradores que mejor cumplen sus objetivos para recompensarlos con premios, beneficios y experiencias únicas.
Esta “yapa” que percibe el colaborador tiene un efecto fantástico tanto a corto como a largo plazo. De manera inmediata, hace que el empleado perciba que su esfuerzo, su preparación y su dedicación aplicada al trabajo están siendo reconocidos. Y con visión de futuro, genera un mayor compromiso con la compañía, y motiva a que los profesionales recomienden a sus empresas a sus amigos talentosos, generando un flujo positivo de oportunidades de contratación y creando una marca empleadora de éxito.
Nunca antes en la historia de las organizaciones el diferencial estratégico estuvo tan relacionado al factor humano. Con la estandarización de la tecnología, la apertura de mercados globalizados y la democratización del conocimiento, el principal componente competitivo es el talento. Medir, reconocer y premiar el desempeño pasa a ser una necesidad fundamental para las empresas que quieren construir marcas sólidas y destacarse en el mercado. En ese escenario, el sueldo queda corto: ¡el colaborador de valor quiere la yapa!
*Showrunner del Ecoxistema de Experiencias.