En una primera etapa, los alumnos participan en talleres y capacitaciones teórico-prácticas que les permiten adquirir bases clínicas y desarrollar habilidades fundamentales antes de su primer contacto con la comunidad. Este proceso inicial sienta las bases para una formación sólida y orientada a la práctica.
A medida que avanzan en la carrera, se integran a extensiones académicas, clínicas propias y al futuro hospital universitario —actualmente en funcionamiento como policlínica—, donde participan como observadores y asistentes. En estos espacios, equipados incluso con salas tipo Gesell, los estudiantes comienzan a involucrarse en la atención de pacientes, siempre bajo la supervisión de profesionales.
Un pilar clave en esta formación es el Centro de Simulación Clínica, donde la práctica con simuladores de alta fidelidad permite recrear escenarios reales en un entorno seguro y controlado. Esta instancia fortalece la toma de decisiones y el desarrollo de habilidades clínicas antes del contacto directo con pacientes.
Finalmente, tras cinco años de formación intensiva, los estudiantes acceden al Internado Rotatorio. Esta etapa se desarrolla en hospitales del país con los que la universidad mantiene convenios a través del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, permitiendo a los futuros médicos desempeñarse en contextos reales, siempre bajo supervisión, y completar así un proceso formativo integral orientado a la atención profesional.