Minerales críticos para la transición energética: el rol de Paraguay

Paraguay, a diferencia de sus vecinos, no tiene una tradición minera comparable. Históricamente, la actividad extractiva se ha limitado a materiales de construcción y las famosas canteras.BJP7images

La transición energética global abre una nueva disputa por minerales, energía limpia y cadenas de valor. Aunque Paraguay no tiene tradición minera, su disponibilidad de electricidad renovable, régimen industrial y posición logística pueden convertirlo en un actor complementario si logra pasar del potencial a una estrategia concreta.

Ante la creciente demanda de minerales críticos para la transición energética, estamos atravesando un nuevo boom de commodities. Baterías, vehículos eléctricos y energías renovables ganan espacio en la agenda global, y con ello se vuelve clave derribar prejuicios sobre la minería y pensar cómo Paraguay puede integrarse a este esquema. Una respuesta lenta puede significar dejar pasar una ventana histórica para desarrollar industria local, talento humano, empleo y exploración de recursos naturales.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la demanda de minerales críticos para tecnologías limpias se duplicó entre 2017 y 2022. Hacia 2030, se proyecta que la demanda de litio se multiplique entre seis y siete veces, la de cobalto por 1,5 y la de níquel por dos, respecto a niveles de 2022. Esto nos desbloquea preguntas interesantes: quién los producirá, dónde se procesarán y con qué energía se transformarán.

Hoy en día América Latina ocupa una posición histórica. Entre Argentina, Chile y Bolivia se encuentra el denominado triángulo del litio, donde se concentra cerca del 60% de los recursos mundiales identificados de litio. Chile es el mayor productor mundial de cobre, Brasil concentra reservas de niobio y Argentina aceleró su pipeline de litio, pasando de tres a más de 35 proyectos en menos de cinco años.

Este reordenamiento abre una conversación que excede a los países con grandes yacimientos. La cadena de valor no termina en la mina: incluye exploración, servicios geológicos, ingeniería, logística, refinación, manufactura y reciclaje. Y es justamente en estos eslabones, donde la geografía importa menos que la energía y la regulación, que países como Paraguay pueden disputar un lugar.

Paraguay, a diferencia de la mayoría de sus vecinos, no tiene una tradición minera comparable. Históricamente, la actividad extractiva se ha limitado a materiales de construcción y las famosas canteras. No existen grandes operaciones metálicas en marcha, aunque sí etapas exploratorias de titanio y uranio.

Es muy importante destacar que esa ausencia de historia no es lo mismo que ausencia de potencial. Relevamientos geológicos identificaron posibles depósitos de titanio, uranio, tierras raras, oro, hierro y minerales industriales. Paraguay está, en buena medida, subexplorado: una oportunidad y un riesgo a la vez.

Ya hemos abordado que Paraguay, en lo que concierne a exploración y explotación minera, hoy por hoy no aporta. Pero, de hacer las cosas bien, puede darse un fenómeno minero sin precedentes. Es importante ver dónde sí puede aportar, en medio de tanta necesidad por solidificar una cadena de valor regional competitiva.

Servicios logísticos por la Hidrovía Paraguay-Paraná pueden ser una primera línea. Otra área con gran potencial es el procesamiento y refinación por medio de energía limpia, porque para recibir inversión es necesario cumplir con políticas ambientales claras. Se puede pensar en refinar litio, cobre o tierras raras por medio de energías renovables, con una baja huella de carbono que otros países no pueden replicar.

Para cerrar las áreas de crecimiento, no hace falta ir muy lejos. El Régimen de Maquila y las zonas francas pueden atraer manufactura intermedia: química y componentes para baterías, así como ensamblaje de equipos para minería y energía renovable.

Volviendo a la realidad y separando lo potencial de lo concreto, existe ya un primer caso de estudio exitoso: el proyecto que Atome Energy lleva adelante en Villeta, una planta de fertilizantes verdes producidos a partir de amoníaco verde, con hidrógeno generado por electrólisis del agua y electricidad 100% renovable. Esta planta contempla alrededor de 145 MW y una inversión estimada en el orden de US$ 500 millones a US$ 700 millones.

La estructura financiera del proyecto es muy interesante, con acuerdos preliminares con BID Invest, CAF y el Green Climate Fund. Esta combinación de capital internacional y banca de desarrollo muestra cómo la energía y la diversificación urgente juegan partes clave en el desarrollo futuro del país.

Esto es una señal para inversores internacionales de que Paraguay no solo exporta soja, carne y energía cruda, sino que también puede competir en la frontera de la nueva industria verde, con una huella de carbono de las más bajas del hemisferio.

*Gerente de Producto Sr, IN-VR y consultor energético.

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