Crecer sin desarrollo. El espejismo del PIB paraguayo

El espejismo del PIB paraguayo

La economía cerró el 2025 con una expansión del 6,6% del PIB, casi el triple del promedio regional. Lo dice el Presidente, lo sostiene el BCP y lo confirman los multilaterales. El primer trimestre de 2026 creció más de lo esperado: 5,8%. Pero detrás de la cifra, hay otra realidad: 6 de cada 10 trabajadores están en la informalidad, el 10% más rico se queda con más de un tercio del ingreso nacional, el ciudadano financia la salud con su bolsillo y 9 de cada 10 estudiantes no resuelven un problema matemático básico. El crecimiento existe. La pregunta es para quién.

La economía paraguaya cerró el 2025 con un crecimiento del 6,6%. “Nunca antes tuvimos los números económicos que hoy tenemos; nunca antes estuvimos en la vidriera del mundo como ejemplo a seguir; nunca antes el Paraguay tuvo un PIB tan grande. El país que más ha crecido en los últimos 60 años, entre 1960 y 2024: 1.520%”, lo dijo el presidente Santiago Peña, en su reciente informe presidencial.

Para 2026, el BCP proyecta una desaceleración moderada al 4,2%. El FMI, en su Declaración de la misión, del 29 de junio de 2026, es algo más optimista: proyecta 4,4% para este año y un promedio de 3,8% a mediano plazo, impulsado por el consumo privado y la inversión.

Son números que cualquier país de la región envidiaría. El propio organismo reconoce que Paraguay ha mostrado “una notable resiliencia”, respaldada por un “régimen creíble de metas de inflación, un tipo de cambio flexible y amplias reservas internacionales”.

Pero, el problema no está en los números. Está en cómo se distribuye la riqueza que genera el sector productivo. En cómo se invierte el dinero que recibe el Estado del pago de los impuestos de los paraguayos, de la venta de energía, concesiones, entre otros ingresos.

Evolución del PIB 2025 a mediano plazo.

Paraguayos también gastan más, pero a crédito

Lo que está detrás del crecimiento del PIB paraguayo, además de la soja y la energía, es el consumo interno. Según el BCP, la demanda interna acumuló un crecimiento de 8,6% en 2025, con el consumo privado como principal motor (5,7% interanual). Para 2026, el FMI proyecta que ese consumo privado robusto seguirá siendo el pilar del crecimiento.

Sin embargo aparece la otra cara. Los préstamos al consumo de los bancos pasaron de 30,7 billones de guaraníes en abril de 2025 a 37,1 billones en abril de 2026: un incremento del 20,75%, según datos del propio BCP.

Las familias paraguayas están gastando más, sí, lo dicen las cifras, pero lo están haciendo a crédito, y el FMI fue explícito: “el rápido crecimiento del crédito al consumo exige mantener la vigilancia”.

El FMI lo vuelve a decir

La misma misión técnica del FMI que elogia los fundamentos macroeconómicos lanza una advertencia: “Es fundamental mantener los avances en materia de formalización y protección social para lograr un crecimiento duradero e inclusivo, la economía informal sigue siendo elevada y generalizada”.

El organismo identifica los retos:

  • Completar el programa de reformas estructurales
  • Hacer frente a los elevados niveles de informalidad
  • Reforzar la gestión de las finanzas públicas
  • Completar el plan de consolidación fiscal.

El crecimiento existe, pero los cimientos sociales que lo deben sostener no están consolidados.

La otra cara del subidón del PIB paraguayo

Seis de cada diez paraguayos fuera del sistema

El Instituto Nacional de Estadística (INE) presentó los resultados de Ocupación Informal 2025: el 60,1% de los trabajadores paraguayos (1.663.000 personas) se desempeñan sin aporte a la seguridad social ni inscripción en el Registro Único del Contribuyente. Los jóvenes de entre 15 y 19 años tienen la tasa más alta de ocupación informal, es letal: 89,4%.

La brecha territorial y doméstica es brutal. En el área rural, 7 de cada 10 ocupados no agropecuarios trabajan en la informalidad. Entre los trabajadores domésticos, la informalidad llega al 90%. Entre los cuentapropistas, al 80%.

El crecimiento del PIB no se traduce automáticamente en empleo de calidad, genera empleo sí. Según datos del Observatorio Laboral del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS), en tres años de crecimiento sostenido del PIB, únicamente se han generado 135.000 nuevos empleos formales. En total el IPS tiene 842.000 trabajadores cotizantes.

Paraguay se ubica según la Cepal entre los tres países con mayor informalidad laboral de la región, solo detrás de Perú y Ecuador.

Más de un tercio de los asalariados no agropecuarios (665.000 personas) ni siquiera llega a cobrar el salario mínimo vigente.

La mitad del ingreso, para uno de cada cinco

Si la informalidad mide el acceso al sistema, la desigualdad mide quién se queda con la torta. Y en Paraguay, el reparto es desigual incluso para los estándares latinoamericanos.

Según el INE, el 10% más rico de la población concentra el 34,5% de los ingresos generados en el país. El 10% más pobre recibe apenas el 2,1%. El 10% más rico gana, en promedio, 16 veces más que el 10% más pobre.

La brecha se agrava en el campo. El coeficiente de Gini pasó de 0,426 a 0,475 en zonas rurales en apenas un año, un salto de 11,5%, explicado en parte por la dependencia climática de la agricultura familiar frente al agronegocio exportador.

Hay, sí, una noticia positiva: la pobreza monetaria total bajó del 19,6% al 16% entre 2024 y 2025, según el último informe del INE, gracias a programas sociales como Tekoporã y Hambre Cero, que el organismo calcula evitaron que 239.000 personas cayeran bajo la línea de pobreza. La pobreza extrema se redujo a 2,4%, bien.

Pero la geografía de esa pobreza expone el mismo patrón: mientras Asunción registra apenas 6% de pobreza y Central 9,9%, departamentos como Concepción (28,7%), Caazapá (25,1%) y San Pedro (24,8%) siguen atrapados en niveles que triplican los de la capital.

El crecimiento llega, pero no es parejo.

Nueve de cada diez no resuelven un problema de matemáticas

Si la economía crece sin generar empleo de calidad ni repartir mejor el ingreso, la pregunta lógica es: ¿qué capital humano está construyendo Paraguay para sostener ese crecimiento? La respuesta, otra vez, es incómoda. La calidad de la educación.

En las pruebas PISA 2022, las más recientes con resultados publicados, el 90% de los estudiantes paraguayos no logró resolver problemas matemáticos elementales. En lectura, el 70% no pudo comprender textos básicos. En ciencias, el 71% quedó por debajo del nivel mínimo esperado.

Paraguay terminó entre los últimos cuatro países del ranking PISA a nivel mundial, junto a Guatemala, El Salvador y República Dominicana. Las pruebas del 2025 están en proceso de análisis.

A esto se suma el dato de la deserción estudiantil: de cada 100 estudiantes que iniciaron el primer grado en 2012, solo 54 lograron culminar la educación media en 2023. En los departamentos del Chaco, la tasa de egreso escolar cae al 30,7%.

La baja calidad educativa es una de las debilidades estructurales más brutales que limitan la productividad, el empleo de calidad y el potencial de crecimiento de largo plazo del país.

Sin capital humano calificado, el salto de la informalidad a la formalidad no tiene base sobre la que apoyarse.

El sistema de salud se financia con el bolsillo ciudadano

La inversión sanitaria per cápita de Paraguay es una de las más bajas de toda Latinoamérica. El presupuesto del Ministerio de Salud Pública representa el 4% del PIB nacional (2022), debajo del 4,4% promedio a nivel regional y lejos del recomendado 7% de la OMS. En el 2000 la inversión pública en salud fue del 2,2% del PIB. Mejoró, sí, pero al nivel recomendado.

El gasto de bolsillo de cada familia sin cobertura alcanza el 40%, el doble de lo recomendado por la Organización Panamericana de la Salud. Son los hogares más pobres los que terminan financiando, de su propio bolsillo, las falencias del sistema público.

A esto se suma una deuda sanitaria que supera los US$ 1.100 millones entre el Ministerio de Salud y el IPS y los proveedores de salud.

Tasa de pobreza geográfica del Paraguay

Crecer no es lo mismo que avanzar y desarrollar

Ningún economista niega que el 6,6% del PIB sea una cifra real y, en términos macroeconómicos, una buena noticia: más recaudación, más inversión, más margen fiscal. El problema es la calidad del gasto público, la falta de transparencia y la corrupción.

Por ello es crucial completar el programa de reformas estructurales pendientes, combatir los niveles de informalidad, corrupción, calidad institucional y los índices bajos de innovación. El crecimiento de hoy no garantiza un desarrollo sostenible a futuro del Paraguay.

La cadena está rota

Hoy, la cadena está rota en varios eslabones. Una economía puede crecer al 6% mientras seis de cada diez trabajadores siguen sin seguro social, sin jubilación y sin estabilidad. Puede crecer mientras la mitad de sus estudiantes abandona antes de terminar el colegio. Puede crecer mientras sus hospitales acumulan deudas y sus pacientes pagan de su bolsillo lo que el Estado no cubre. Puede crecer mientras las familias sostienen parte de ese crecimiento con consumo a crédito.

El desafío para quienes diseñan la política económica no es difundir que el PIB crece. Es discutir cómo se invierte ese dinero que ingresa cada vez más y si las reformas estructurales llegarán antes de que la deuda social y financiera se vuelva demasiado costosa para pagar.

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