Una empresa paraguaya que quiere ofrecerle un seguro privado de salud a su gente enfrenta un problema antes de mirar precios o coberturas: ya está pagando por esa cobertura, a través del Instituto de Previsión Social (IPS).
La legislación obliga a aportar al IPS por cada trabajador. Sumar además un plan privado significa una doble inversión en salud por el mismo empleado. Ese doble aporte es, según Julio Ferrari, presidente de la Cámara Paraguaya de Medicina Privada (Capamed), el principal freno para que el segmento corporativo crezca más rápido.
“El crecimiento que registra actualmente el sistema es principalmente orgánico”, explicó a ABC Negocios. Buena parte de los nuevos beneficiarios no llega por nuevas contrataciones corporativas, sino por hijos de familias que ya forman parte de planes privados.
Un segmento pesa más del 50%, pero con techo
Pese a esa barrera, el segmento corporativo no es marginal: representa más del 50% de la cartera de clientes del sector, según Ferrari. Es, hoy, el sostén comercial de la medicina privada paraguaya, que reúne a 17 empresas, entre ellas Asismed, Migone, Santa Clara, Reyva y Promed, y a solo el 7% de la población como asegurados.
El peso del segmento corporativo no es solo numérico: según Ferrari, también acompaña el proceso de innovación y expansión de los servicios, mediante ajustes de precios ligados a la oferta y a los costos vigentes.
Para Capamed, ese es justamente el problema: un segmento que sostiene buena parte del negocio, pero que no puede escalar mientras el marco legal no cambie.
Cuánto le cuesta a una empresa cubrir a su gente
Los planes corporativos se rigen por la misma escala de precios que el resto del mercado. Los de menor complejidad, con cobertura ambulatoria, arrancan en unos G. 450.000 mensuales por beneficiario. Los de alta complejidad, con diagnóstico y atención especializada, llegan a valores de entre G. 2,5 millones y G. 3 millones.
El costo final depende de la edad de la planilla, el tipo de cobertura elegida, la red de prestadores disponible y los servicios adicionales incluidos.
A esa ecuación se suma una presión constante sobre los costos operativos: nuevas tecnologías, equipamiento médico, tratamientos innovadores y medicamentos encarecen la operación del sector año tras año, un costo que tarde o temprano se traslada a las primas corporativas.
Es decir, la empresa que decide asumir el doble aporte, IPS más plan privado, lo hace sobre una base de costos que solo sube.
Tecnología y velocidad, los argumentos frente al precio
Frente a un mercado donde captar nuevos clientes corporativos es difícil, las aseguradoras compiten en otro terreno: la inversión en innovación.
Las empresas del sector modernizan centros médicos, incorporan mejor equipamiento y refuerzan la accesibilidad para sus asegurados. Ferrari destaca que esta innovación tecnológica crece de forma sostenida y que impacta directamente en el servicio que recibe cada empleado cubierto.
La velocidad de atención y una red amplia de prestadores son, según el titular de Capamed, dos de los argumentos más fuertes al momento de cerrar o renovar un contrato corporativo. Para una empresa que ya paga doble, la rapidez de respuesta termina pesando tanto como el precio del plan.
La advertencia del sector público como caso testigo
Ferrari usa al sector público como contraejemplo de lo que no debería pasar en los contratos corporativos privados. En las licitaciones públicas, los valores están fijados en G. 1 millón desde 2018, un monto que acumula más de 30% de inflación no trasladada a precios, mientras los costos médicos, tecnológicos y de insumos siguen en alza.
Es una alerta directa para las empresas privadas que negocian sus propios contratos: sostener un precio congelado durante años, sin ajustarlo a la inflación real del sector salud, termina afectando la calidad y la sostenibilidad de la cobertura.
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La salida: alianzas antes que forzar la expansión
Para Capamed, el desafío de los próximos años no es sumar empresas clientes a cualquier costo, sino sincerar precios, empezando por los contratos públicos, y explorar alianzas con otros sistemas de salud que permitan sumar cobertura sin depender exclusivamente de que más compañías asuman el doble aporte.
Ferrari es cauto, reconoce que será difícil lograr una expansión significativa del segmento corporativo si no cambia el marco que hoy limita la decisión de las empresas.
Lo que paga el paraguayo cuando el Estado no da
Mientras las empresas evalúan si conviene sumar un seguro privado al aporte que ya hacen al IPS, la gran mayoría de los paraguayos no tiene ese dilema: no cuenta con ninguna de las dos coberturas y paga de su bolsillo.
El gasto de bolsillo representa cerca del 36% del gasto total en salud del país, según cifras de cuentas de salud recopiladas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Es casi el doble del límite que el organismo considera razonable antes de que ese gasto empiece a empobrecer a los hogares.
De ese gasto, más de la mitad corresponde a un solo rubro: medicamentos. Así lo muestra un estudio del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep) sobre la composición del gasto de bolsillo en el sistema de salud paraguayo.
Cuando el hospital público no tiene el remedio en stock, la familia lo compra en una farmacia privada. La cobertura gratuita existe en el papel, no en el mostrador.
De fondo, hay un problema presupuestario: Paraguay invierte apenas entre 7% y 10% de su presupuesto nacional en salud, frente al 15% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El contraste es directo: mientras el segmento corporativo privado discute si asumir una cobertura adicional, la mayoría de la población, sin ese respaldo, paga directamente cada vez que el sistema público no logra entregar lo que promete.