Estas rupturas de la estabilidad hacen la coreografía de los sistemas, por una parte, los sistemas alcanzan cierta estabilidad hasta que ocurren ciertos eventos que rompen el equilibrio para nuevamente llegar a una nueva estabilidad. Todos los sistemas funcionan en esa dinámica: estabilidad/cambio, cambio estabilidad, sino pensemos nuestra vida.
Las crisis pueden ser esperables, como de hecho son las situaciones de las crisis evolutivas: nacimientos, casamientos, muertes, mudanzas, despidos laborales, etc. Pero también encontramos situaciones críticas fuera de este repertorio común, como son las patologías graves en gente que no es esperable que se enferme, muertes de hijos (que son muertes inesperadas que alteran el ciclo evolutivo), o catástrofes, terremotos, tsunami o pandemias.
En estos momentos de nuestra vida, estamos atravesando una crisis del segundo tipo que acabo de describir, y nosotros como seres humanos en mayor o menor medida debemos afrontarla para lograr superar la situación crítica y tratar de alcanzar el nuevo equilibrio. Dentro del universo de sistemas encontramos diversos grupos sociales como son la familia de origen (padres y hermanos), familia extensa (abuelos) y creada (cónyuge e hijos), la pareja, los equipos deportivos, los grupos empresariales, etc.
La pandemia del coronavirus, nos ha obligado a un confinamiento forzoso en nuestras casas en pos de preservarnos del contagio. Pero a la crisis de la pandemia en sí misma, nos ha llevado a otra crisis, la del aislamiento riguroso -la crisis de la crisis-, algunos solos, otros en pareja, otros en familia, etc. Pero a los que están en pareja o familia, la principal alteración se debe que de convivir 2 o 3 hs diarias se pasa a la convivencia salvaje de 24 por 24 horas, entonces, es factible que surjan discusiones y malestar.
La crisis lleva, indefectiblemente, a fracturar la forma de interacción que llevamos con nuestros sistemas: la familia o la pareja o con nuestros amigos o con el mundo en general. Pero en este artículo centralicémonos en un sistema de vital importancia en la vida del ser humano: la pareja. La pareja humana está compuesta por dos personas de igual o distinto sexo, que proceden de familias de origen diferentes y que en un determinado momento de la vida instauran un vínculo amoroso, se encuentran y establecen un proyecto y objetivos comunes, trabajan en equipo brindándose apoyo y motivación, tiene un espacio compartido que excluye a otros o compartido con otros, pero también poseen un espacio individual o personal que no se comparte con el cónyuge.
En una pareja ambos integrantes son portadores de pautas familiares y normas sociales, cultura, funciones, códigos, mandatos, valores, creencias, significados acerca de la vida, ritos, estilos de emocionar y procesar información, etc. Todos estos elementos son pocas veces conscientes, son mas bien tácitos, y cada miembro estará dispuesto con mayor o menor resistencia, a intercambiar y acordar. En una pareja se conjugan dos personas reales y multiplicidad de fantasmas: desde los padres de ambos cónyuges, los abuelos y todas las generaciones precedentes que han dejado su legado intergeneracional que ha depositado en cada uno de los integrantes.
Pero una pareja se elige por afinidades, es decir, son afines en gustos pensamientos emociones, etc. Pero también son afines por las diferencias, o sea, si las diferencias son entendidas por complementarias, hacen que ambos integrantes sean afines: o sea una pareja armónica. El problema es si la diferencia son un punto de controversia o crítica. Entonces una pareja se elige por complementariedad, si bien cada una de las personas tienen propiedades en común con el otro, principalmente poseen diferencias que marcan un sesgo de complementariedad en ambos: que tenés vos que no tengo yo que tengo yo que no tenés vos y en esa matriz relacional radica la esencia del vínculo de pareja.
Con este breve desarrollo, ya tenemos una definición de pareja y lo que indica una pareja con cierto viso salutogénico y equilibrado. Pero todo esto se desestructura en tanto la situación crítica: el corona virus trae consigo una crisis y la crisis de la crisis con el confinamiento y allí… la ruptura de la estabilidad.
Síntomas y signos de la crisis
En general, una pareja comparte diariamente 2 o 3 horas con el otro, porque el trabajo de cada uno roba mucho territorio del cotidiano. Los fines de semana, si bien se comparte más tiempo, la pareja elige la socialización con amigos o familia, o quedarse en casa o salir solos, o actividades que cada uno de los miembros pueden hacer de manera individual. De pronto y por una orden, se pasa a compartir 24 por 24 horas, sin posibilidades de elección. A cada uno le resulta difícil, adaptarse a una nueva modalidad nunca pensada, una especie de arresto domiciliario en el que se deben extremar medidas de contacto e higiene.
En este período no hay muchas distracciones, entonces la pareja tiende a focalizar demasiado en el otro, que pasa a ser su principal factor de interacción social. Se debe tener en claro, que no se exacerban las diferencias porque empeoren las características del otro o haya mas defectos, sino porque se pone el foco en los aspectos que me molestan del otro por estar muy focalizado en la persona del otro. Entonces en este período se trata de tolerar mutuamente al otro, saber que, si hay cambios de reacciones, mal humor, fastidio, son partes de las conductas esperables en esta reclusión contra el contagio.
También puede surgir el aburrimiento y no son pocas las oportunidades que el acto de discutir es una nota de color dentro del aburrimiento de estar entre cuatro paredes. Es decir, se construyen de la nada discusiones en pos de mover nuestros neurotransmisores, que se active, el cortisol y la adrenalina para terminar -en el mejor de los casos- en una romántica reconciliación. Para evitar esta forma neurótica de entretenerse, la pareja puede activarse mediante el compartir espacios de conversación, comidas, gimnasia, películas, pero también una buena fórmula es respetar espacios individuales.
Que cada uno logre reunirse virtualmente con amigos, es un ejercicio del respeto y fundamentalmente entender que con la pareja no se comparte todo. Aunque resulte paradojal, les recomiendo a las parejas que, si desean mejorar, construyan espacios individuales, que eso es una fuente de retroalimentación positiva del espacio que comparten. Muchas parejas conciben relaciones de co-dependencia producto de sus propias inseguridades, entonces no tienen tiempo de extrañarse y de desearse. Es todo un desafío generar esos espacios individuales y más ahora en plena cuarentena, es una buena tarea.
La pareja debe tener en cuenta durante el aislamiento, cuales son los espacios que se comparten y cuales no, para esto pueden armarse una rutina que prevé cierta organización de la vida reclusiva. Esta organización no solo arma un home office, sino organiza el tiempo lúdico. Además de los malos humores, en la medida que transcurren los días, la hipersensibilidad de cada uno va en aumento y si no se pone un freno personal y no se le coloca un límite al otro, entonces la pareja se estresa y se catastrofisa la relación, perdiendo aún más los valores y aspectos positivos.
Por otra parte, en el caso de parejas que tengan hijos, habrá que evitar colocarlos en el medio como forma de mirar hacia otro lado. Una pareja cumple dos funciones fundamentales: la parentalidad (ser padre y madre) y la conyugalidad (la relación de intimidad de los dos integrantes), si bien la biología y la vida te lleva a proteger a tu cría, la pareja no debe perder esa relación de dos. Muchas parejas que tienen una conyugalidad deteriorada, se refugian en la parentalidad, o sea, se vuelven súperpadres hipertrofiando su función en pos de evitar el contacto conyugal. Entonces, en esta cuarentena, las parejas y sus hijos pueden tener tiempo de familia de juego, obligaciones, todo bajo el manto afectivo, pero absolutamente siempre la pareja debe tener su espacio conyugal, desde charlas, contacto afectivo, juego, etc.
Jugar, hablar, compartir cafés y comidas, debatir temas, mirar películas, mimarse, todo es fantástico en el espacio compartido, pero siempre hay que conservar espacios individuales donde cada uno conecte consigo mismo, con otros, o con las actividades particulares. Pero, sobre todo, buscar un factor neutralizador de la crisis conyugal de la cuarentena: pensar en las cosas que valoro del otro, que es lo que me enamora y además hacérselo saber. Es un momento de expresiones afectivas, el amor como un gran amortiguador de la crisis que nos ha tocado en esta vida.