Además de ella, existen otras María en las Sagradas Escrituras, como María, la madre de Marcos; María, la hermana de Marta y Lázaro; también María, hermana de Santiago y José, así como María Magdalena, quien le sigue en popularidad a la “original”.
Según los datos, María es el nombre más utilizado en América Latina, ya sea solo, precediendo o sucediendo a un segundo nombre. En Paraguay, según datos del Registro Civil, a setiembre del año pasado, existen 461.394 personas anotadas como María, liderando así el ranking de nombres más utilizados en nuestro país. También algunos hombres llevan María como segundo nombre; por ejemplo: José María, Raúl Alberto María, Luis María y otros. La ciencia también tiene su María Salomea Sklodowska-Curie, más conocida como Marie Curie, premio Nobel de Física y Química. Y cómo olvidar a María Anna Cecilia Sofía Kalogeropoúlou, simplemente María Callas, la soprano griega de referencia en el Siglo XX. En literatura Mary Shelley (hija de Mary Wollstonecraft, feminista británica de finales del 1700) dejó su sello en la literatura por ser creadora de la famosa novela Frankenstein o El moderno Prometeo. En la que un científico, Víctor Franksenstein, crea un monstruo con cadáveres humanos. Pero en Paraguay... tenemos otra clase de Frankenstein de la política, esos que en pleno siglo XXI normalizan el hecho de denigrar a la mujer utilizando un nombre como apelativo para degradarla y bajarla de nivel. Entonces aparece María’i, en la boca del diputado Colyn Soroka (Colorado Añetete) en plena sesión parlamentaria para referirse a que sus colegas que buscan la interpelación de su correligionario Juan Ernesto Villamayor, jefe de gabinete del Gobierno, por el caso de la fallida negociación con PDVSA. Soroka o es o se hace, pero ante el reclamo de algunas parlamentarias, entre ellas Kattya González (PEN) se puso a vociferar en plena sesión buscando acallar a su colega. Luego, este pidió disculpas diciendo que no sabía cuál era la connotación del término María’i.
Esta es la clase de representantes que tenemos que no sabe hablar, y cuando habla no sabe ni lo que dice. María’i es un triste término folclórico (¿?) para referirse a la situación de muchas niñas criaditas, jóvenes o mujeres que son explotadas en las casas haciendo los quehaceres domésticos y de yapa son abusadas sexualmente, pues si no acceden “amigablemente” a ofrecer esos rosados favores, se quedan a la deriva y sin nada. Así trata Soroka a las mujeres y también a la sociedad paraguaya como manera de justificar el robo ante el cual todos debemos callarnos porque corremos el riesgo de quedar sin nada. Vergüenza.