Hace unos diez años había escrito algo similar por el día de los héroes. Básicamente mi planteamiento era sencillo: sin lugar a dudas es un hecho destacable y pleno de heroísmo morir en defensa de los ideales y de la patria, pero no puede ser menos destacable, el hecho de vivir todos los días de nuestra vida conforme a los valores que nos dicta nuestra conciencia.
Quedan ya pocos beneméritos de la Guerra del Chaco. Por lo que me pregunto, qué haremos para honrar a los héroes en pocos años más. ¿Qué estamos contando a los niños sobre el significado de heroísmo?
Especialmente el doloroso año 2020 nos deja una serie de importantes reflexiones para plantear este enfoque novedoso y necesario al “heroísmo”. El dolor de los seres queridos que han partido por el COVID nos ha evidenciado que detrás de esa lucha existen miles de héroes que se encontraron en nuevo frente de batallas — sin metrallas ni bayonetas — desde donde debieron enfrentar con básicas herramientas a un enemigo invisible y desconocido. Profesional de salud, doctores, enfermeras y enfermeros, donantes, familiares con largas noches de insomnio y padres, madres, hijos, abuelos que lucharon hasta el último suspiro. ¿No pensamos que podríamos poner su nombre en algunas de nuestras bibliotecas, clubes o plazas en un futuro cercano?
Pero aún más. Aquellas personas que por imperio del confinamiento perdieron su trabajo y tuvieron que salir a hacer changas para sobrevivir, desafiando no solo la brutal crisis económica sino la alta transmisibilidad del virus para volver cada noche, agotados a sus casas con plata en el bolsillo… ¿no son ellos héroes? Me animo a decir que sí son. No escogieron robar, estafar o asaltar. La remaron en un planeta de incertidumbre. “Héroes”. Son eso.
¿No son héroes quienes desde la función pública, renunciaron a la posibilidad de colaborar en negocios amañados y trabajan honestamente desde sus oficinas tratando de brindar un servicio honesto y útil para los ciudadanos paraguayos? Yo llamo héroe al funcionario honesto. Porque en un ambiente totalmente hostil, sigue aferrado a sus principios a pesar de que todo le juegue en contra.
Héroes son los dueños de empresas que han seguido pagando salarios a sus empleados a pesar de que habían cerrado sus locales, que han dejado de tener ingresos, que han sufrido un corte en la cadena de pago, y que aun así, mantuvieron a sus colaboradores con sus prestaciones a fin de que estos puedan sostener a sus familias.
¿No son héroes los padres y madres que se encargaron de la educación de sus hijos en sus casas, sin señal de internet a ratos, tratando de llevar a cabo la tarea para la cual el Estado no estuvo a la altura de llevar a cabo? Son héroes. Trepando árboles para descargar tareas los vimos a algunos no para disparar a un soldado enemigo sino para matar al peor de todos los adversarios: la ignorancia. Un padre que pelea así, no puede ser menos que un héroe.
Un gran desafío es para toda esta nación entender que vivir todos los días honestamente, haciendo lo que se debe hacer por más difícil que sea, es el acto más grande de heroísmo que podemos protagonizar. Quizás no hayan músicas sobre nuestros actos, ni habrá avenidas que lleven nuestros nombres, pero nuestros hijos y quienes en nosotros se ven reflejados en sus esperanzas, aprenderán de ese ejemplo para que nuestra Patria sea mejor.
Ya no más lluvia de balas en el futuro para construir heroísmo. Ya no más discursos.
Vivir nuestros valores en el silencio del ejemplo, créanme, es tan heroico y difícil que morir en el frente de batalla portando una bandera tricolor.