El tamaño del Estado

Cada tanto y lastimosamente sin la rigurosidad que deberíamos nos planteamos cuál debe ser el tamaño del Estado. Y cuando esto ocurre tomamos la parte de la biblioteca que avala las ideas que apoyamos y defendemos nuestras convicciones con los datos — generalmente — parciales sobre cuanto debemos invertir para que la maquinaria pública atienda a los objetivos que fundamentan su existencia.

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Ante este debate que termina en las descalificaciones y peleas más inútiles posibles de imaginar en las redes sociales, no debemos cansarnos de apelar a discutir sobre hechos que nos puedan arrojar evidencias (esto significa hechos más que opiniones) que nos ayuden a definir un modelo “paraguayo” de Estado.

Esther Duflo, premio Nobel de Economía junto a su esposo Abhijit V. Banerjee, lanzaron un extraordinario libro que se llama “Buena Economía para Tiempos Dificiles” en donde enfrentan, con el aval de su mundial reconocimiento, una economía para un mundo polarizado en donde recogen sus experiencias en experimentación social en terreno donde descubren mundos dentro de otros mundos y realidades tan complejas como cuantas sociedades existen y para los cuales existen tantas soluciones o modelos como diversidades culturales existen en nuestro mundo.

Para esta franca pero escueta reflexión, solo me gustaría hacer referencia a lo limitados que somos al momento de tomar decisiones que impactan directamente en nuestro bienestar. Y la pandemia del COVID19 ha sido sin lugar a dudas una oportunidad para descubrir-NOS como seres sujetos al morbo, a la intolerancia y a la fácil descalificación de todo lo que consideramos extraño a nuestros convencimientos.

La pandemia lo único que hizo fue demostrar cuán inútil es la gestión pública, si esta no se encuentra dirigida a un objetivo. ¿Cuál objetivo? No lo sabemos.

Entonces, todo viene bien cuando de pedir al Gobierno (nada más que gestor del Estado) todas las soluciones a cualquier tipo de problemas. Prueba de ellos son las facilidades, subsidios, soluciones monetarias que han sido aprobadas con total facilidad desde diversos actores públicos: poder ejecutivo, legisladores nacionales, departamentales, municipales, intendentes o gobernadores, todos jugando a “hacer presente al Estado” (sic) de cualquier forma aunque desafíe hasta la misma ley de la gravedad.

Duflo y Banerjee, sin embargo, nos dan una lección tan obvia como inexplorada en estas latitudes: nada de lo que se ha escrito en cientos de informes, recomendaciones y textos académicos o de agencias multilaterales de cooperación es suficiente. Hago un alto y reitero: son útiles. Pero no son suficientes.

Cuando una iniciativa de alguna agencia multilateral invita a nuestros funcionarios a tomar el camino A en lugar del camino B, lógicamente lo que ocurre es que la coyuntura sumada a las urgencias esa “recomendación” se convierte en política de Estado... hasta que termine el programa en cuestión y nuevos consultores nos visiten con una nueva fórmula bajo el brazo.

Pero ¿es esto malo? De ninguna manera. Lo que resulta pobre para el manejo de nuestras políticas públicas es no tener prevista ninguna... Y la pandemia nos ayudó a darnos cuenta de esto. La improvisación mata. A veces de manera sutil, a veces a la luz del día como lo vemos hoy con hospitales llenos, transporte público deficiente, subsidios mal repartidos que pagaremos todos (aunque no los hayamos visto) en los próximos 30 años.

Propuesta: Ya que veo todos los días que hay propuestas de diálogos y encuentros, ¿por qué no preguntamos a los menonitas cómo hicieron para salir adelante en el Chaco, en Caaguazu, en San Pedro en lugar de estar repitiendo proyectos que funcionaron muy bien en algunos lugares parecidos a nuestro país pero no tan cercanos a los que ya están entre nosotros hace casi cien años? ¿Por qué no replicamos el modelo de las cooperativas de inmigrantes europeos en el sur del país y que hoy replican su disciplina en sus instituciones de servicios vecinales? ¿Por qué no visitamos a los asentamientos campesinos que han logrado un desarrollo sostenido de sus habitantes y multiplicamos su experiencia a todo el país? ¿Por qué no multiplicamos la experiencia de Caacupé con la educación digital de Una Computadora Por Niño que es sin lugar a dudas un éxito al resto del país? ¿Qué sigue esperando el MITIC para hacerlo? ¿Estamos re-creando la rueda?

Si hay algo que ha explicado este hermoso libro de economía para tiempos difíciles que lo mejor que podemos hacer es que hay tantas realidades como comunidades. Y si pretendemos generalizar una sola solución que fue el reflejo de un solo momento o proyecto o consultoría y lo aplicamos como “la mejor — o única— idea e insistimos aunque hemos visto su error, les aseguro que el resultado será una y otra vez la pésima gestión que hoy criticamos.

El Estado no debe ser grande o pequeño, sino eficiente o ineficiente en función al estímulo que genera en las fuerzas vivas de la sociedad.

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