Los seres humanos somos muy emocionales. Albergamos adentro la ira, el miedo, el amor, la tristeza, la alegría y la dicha. Sentimientos negativos algunos y positivos otros. El sistema límbico, como se ubica en la mitad, trabaja con los otros dos, reptiliano y neo cortex para un perfecto equilibrio. Esa es la razón por la cual hoy día se habla tanto de la inteligencia emocional.
Las imágenes fabulosas que podemos observar a través de la resonancia magnética funcional muestran cómo es el cerebro de una persona con felicidad desbordante y cómo es el cerebro de otro individuo con una tristeza tremenda. Esas fotos se pueden obtener con la tecnología actual y se publican en las revistas científicas especializadas en neurociencias, en psicología, neurología y psiquiatría.
Por ejemplo, el miedo y el deseo, vienen del reptiliano o de la parte instintiva; son mediados por el sistema límbico y negociados por la neo cortex. En realidad, las tres estructuras cumplen con el rol de procesar el enamoramiento, la lujuria, el odio, el rechazo, la empatía, la ternura, la pasión, el rencor, la codicia, la envidia, la ira y todas las demás emociones y sensaciones capaz de percibir el cerebro. Todo esto pasa a la región de la razón y la inteligencia para que tomemos finalmente una determinación acerca de algún asunto. A veces, la elección final puede convertirse en un error con el paso de los años y puede ser doloroso. Quizás lo hicimos con la emoción y no con la cabeza fría. Ya lo dijo Pascal: “hay razones del corazón que la razón desconoce”. Y La gente que se casa precipitadamente sabe bien de qué tema estamos hablando, solo por citar un ejemplo.
El hipocampo que tiene forma de un caballito de mar, es fascinante. Es el disco duro donde se guarda todos los recuerdos. Y casi siempre recordamos los momentos más felices o los más dolorosos de nuestras vidas. Es la maravillosa función del hipocampo. La amígdala que es como una nuez, está siempre alerta, Si el miedo es exagerado se prende allí una lucecita y es segregado el cortisol que es la hormona del estrés. Un pánico y una angustia que nos paralizan pueden hacernos tanto daño hasta llegar a causar muchas enfermedades físicas, emocionales y mentales.
Aprender a gestionar las emociones es un deber de todos los que buscamos ser mejores personas todos los días. Es una tarea que no termina nunca y más que nunca en estos momentos. Querernos a nosotros mismos es ser conscientes y responsables. Usar el pensamiento racional para superar los miedos y la depresión. Controlar lo negativo y dar lugar para que nazcan los deseos y sentimientos positivos como la empatía y la esperanza.
Como dicen ahora los neurocientificos que buscan animar y motivar, sacar la mejor versión de nosotros mismos. Sin dudas, somos los más evolucionados e iluminados de la creación y de la especie. A lo largo del tiempo, desde las cavernas hasta hoy, el avance es enorme. El cerebro, ese órgano impresionante; de una capacidad increíble, puede sorprendernos todavía mucho.
En esas redes neuronales de cien mil millones que hacen sinapsis cada segundo está la mente resiliente y el poder de salvar cualquier obstáculo y crisis, por más difícil que parezca. Usemos ese poder con toda energía y toda fuerza para mirar hacia adelante.