Nacional perdió solo uno de los doce duelos contra Olimpia, Cerro Porteño, Guaraní y Libertad en todo el 2021. No es producto únicamente de la famosa motivación, sino que existen factores que hacen que el Albo esté cómodo frente a los grandes. La razón, estos adversarios proponen, salen, juegan y atacan y, aunque parezca raro, es el escenario que desea Hernán Rodrigo López. Es el principal método que explota sus virtudes individuales y colectivas: velocidad, conducción, asociación, desequilibrio, uno contra uno, todo lo que puede y debe caracterizar a un equipo contragolpeador.
Pero ceder pelota y campo ante la jerarquía de rivales así siempre es un riesgo que orilla el suicidio. Pero, en este caso, el entrenador uruguayo minimizó el peligro y a la vez, encontró una disposición conservadora del Decano que parecía no estar en los planes. Cuando el local perdía el balón, no presionaba sino que retrocedía para aguardar.
Entonces, en el período inicial, antes de atropellar al bulto, de lanzar centros, el equipo comenzó a generar un circuito de pases defensivos que hacía que los dirigidos por Álvaro Gutiérrez salgan sin tomar hombre ni cubrir la zona. Comenzó a alargarse, a ampliar los espacios entre líneas y a crear el ecosistema para los rápidos. En dos o tres toques, la transición pasaba de pases entre el arquero Santiago Rojas y el zaguero Farid Díaz a los ataques de Orlando Gaona Lugo, Brahian Ayala, Franco Costa y demás.
Pero qué ocurría cuando Olimpia intentaba ser ofensivo, cuando era Nacional el que estaba agrupado en su terreno. Simple. López limitó a los dos laterales, Carlos Espínola y Sebastián Vargas, a funciones específicas: tomar a Derlis González y Alejandro Silva. Automáticamente, ni William Mendieta ni Roque Santa Cruz tenían pase lateral. No podían triangular, encarar o desbordar por fuera, mientras que por dentro, la posición de Cristian Riveros pegada a los centrales, estableció superioridad numérica sobre los atacantes internos. El resto, siempre a disposición del contraataque.
Y así llegaron los dos tantos, principalmente el segundo, una cátedra de desdoble con la recuperación, el cambio de ritmo y la conducción en carrera de Franco Costa, quien siempre contó con una opción por derecha y otra por izquierda. Decidió sobre Arrúa por el perfil, pero este, en vez de rematar de primera, enganchó para quizás tener una mejor apertura para el tiro, que fue colocado, con suavidad, al ángulo más alejado.
La diferencia era justa y merecida, pero un balón detenido, siempre vital en las dificultades de un partido, revivió a Olimpia. Un golpe anímico para ambas partes. La actitud y la ambición, con los mismos hombres, cambió en el Decano durante el arranque de la complementaria. El visitante arrancó con dudas, sin la misma solvencia defensiva. Empezó a ser superado por el medio, donde Silva, Mendieta y González se juntaron para controlar, elaborar y dejaron los costados exclusivamente para Otálvaro y Torres.
El ataque local fue incómodo para Nacional hasta que el técnico realizó una variante clave: Fernando Martínez, volante de marca, por Ayala. Parado junto a Riveros y con Carlos Arrúa inclinado por derecha, el mediocampista fortaleció la marca, cortó el juego y equilibró por completo el desarrollo, sosteniendo, también con salidas esporádicas, la diferencia en el resultado. Así, Hernán Rodrigo López ganó tácticamente el encuentro.
@DarioIbarra01