Inclusive, el mandatario hizo el siguiente cálculo: las familias que trasladen a sus hijos a la escuela pública ahorrarán por cada uno de ellos G. 500 mil y, según él, eso sería como un aumento salarial directo para el padre de familia que gane sueldo mínimo.
Esta lógica podría aplicarse, por ejemplo, a otros gastos habituales de la familia. Peña podría plantear que, como durante el periodo escolar los niños y niñas ya tienen asegurada la comida diaria con el programa “Hambre Cero”, que esa sea la única comida que tengan, de tal manera a ahorrar también dinero en este rubro.
Aplicando esta receta peñista a los diversos gastos diarios, finalmente, cualquier familia que la aplique rigurosamente casi podría terminar siendo millonaria de tanto ahorrar dinero.
Se nota que a este muchacho economista -que cuando está en el país hace como que es presidente- nunca le faltó plata. De haber sido pobre o vivir ajustado, le hubiera servido para comprender que, generalmente, cuando uno renuncia a incurrir en algunos gastos mensuales que se permitía, no es por un afán ahorrativo o para tener más plata en el bolsillo, sino simplemente porque ya no le alcanza para vivir con dignidad.
Otro problema de este gobierno que padecemos es que sus integrantes parecen tener una fe ciega en los datos económicos que le dan las instituciones como el Ministerio de Economía o el BCP.
Si ellos dicen que no hay inflación, pues... no hay inflación. Aunque uno vaya al mercado y cada mes encuentre más caras las verduras, la carne y otros productos de la canasta básica. La lógica de Peña, como la del senador Luis Pettengill, sea tal vez que uno no debe pretender comprarse cortes caros sino que debe conformarse con puchero de segunda, mondongo o directamente hueso pelado.
Hace poco, Peña dijo que su gran preocupación en este 2026 será cumplir su promesa de que “vamos a estar mejor”.
Con la lógica que aplicó el mandatario en sus recientes propuestas para tener plata en el bolsillo, posiblemente eso signifique que la mayoría de los paraguayos y paraguayas deberán prepararse para bajar drásticamente su nivel de vida y convencerse de que eso significa que vivimos bien.