El enfrentamiento en curso

Creo que es evidente para cualquiera que esté siguiendo los acontecimientos mundiales que las líneas están ya muy claramente tendidas: Hay un enfrentamiento existencial entre Estados Unidos (EE.UU.), representado por su Gobierno, y la Unión Europea (UE), representada por el suyo, sobre lo que debe hacerse para definir el futuro.

Hago hincapié en la representación de los gobiernos porque tanto en EE.UU. como en la UE hay contestación a lo que sostienen dichos gobiernos: En EE.UU. hay fuerzas a favor de la posición de la UE y en la UE las hay a favor de la posición de EE.UU., fuerzas que pueden, eventualmente, cambiar la dinámica de los acontecimientos.

El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, lo acaba de exponer muy elocuentemente en la Conferencia de Seguridad de Munich: La tradicional alianza entre EE.UU. y los países europeos debe basarse en los valores que construyeron lo que denominamos la “civilización occidental”, y si no se basa en esos valores, no tiene razón de ser.

Estos valores son la libertad individual y el Estado de derecho construido sobre ella y el mantenimiento subsecuente de esa identidad cultural, pero además, en cosas que parecen mucho más prosaicas, como el control soberano (de soberanía nacional) de las cadenas de suministro y el aprovechamiento de las fuentes nacionales de energía.

En síntesis, Marco Rubio dijo en Munich que el paradigma del globalismo (la dilución de la identidad cultural, la enajenación de las cadenas de suministro y la renuncia a aprovechar las fuentes nacionales de energía), que la UE promueve de manera militante, no es aceptable para EE.UU. porque ha conducido a la desindustrialización, a la dependencia, a la decadencia y a una transformación negativa de las sociedades occidentales.

En particular, el secretario de Estado enfatizó que el orden mundial basado en la gobernanza global corporativa, que la UE también promueve de modo combatiente, “es una idea tonta” y está muerto, en lo que respecta a EE.UU.

Las diferencias, pues, son insalvables.

Todo esto nos afecta directamente: El paradigma de la UE nos conduce a la liquidación de la soberanía nacional, incluyendo la degradación de la democracia para sustituirla por el gobierno de la “sociedad civil” (eufemismo que encubre el de delegaciones pagadas por la UE denominadas “organizaciones no gubernamentales”) y a la sumisión de nuestro aparato productivo a los dictados de la gobernanza global corporativa; el de EE.UU. nos lleva a la reafirmación de nuestra comunidad nacional y al logro de nuestra competitividad productiva nacional.

La batalla, de proporciones épicas, está en curso. En noviembre, las elecciones de medio término en EE.UU. definirán las chances de mantener o no el rumbo señalado por Marco Rubio y, desde abril, las elecciones en Hungría y las sucesivas en los demás países europeos harán lo propio con las de la UE de mantener su rumbo.

evp@abc.com.py

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