Cuando todo el talento de las mujeres impulse el desarrollo

En Paraguay, el talento de las mujeres no es una promesa, es una realidad estadística que, paradójicamente, el mercado laboral desaprovecha en gran medida.

Hoy, más de un millón trescientas mil mujeres conforman la fuerza de trabajo del país, que constituye el 59% de las mujeres en edad de trabajar. Sin embargo, detrás de esa cifra se esconde una contradicción estructural que frena el desarrollo: las paraguayas están hoy más preparadas que los hombres —con más años de estudio, 11 versus 10—, pero esa ventaja académica se disuelve al salir al mercado laboral.

Adicionalmente, si analizamos las remuneraciones, ellas cobran, en promedio, un 27% menos que sus pares varones si se comparan puestos equivalentes; es decir, el mercado laboral paraguayo parece imponer una suerte de ‘impuesto’ asociado al hecho de ser mujer.

Esta brecha no solo revela una injusticia social, sino que representa un mal negocio para el país. Cuando hablamos de impacto económico, se podría decir que, al tener a miles de mujeres fuera del mercado o subempleadas, se está operando a “media máquina”, por debajo del potencial.

El Banco Mundial advierte que las barreras que enfrentan las mujeres para transitar de la educación al empleo provocan una pérdida significativa de capital humano y potencial económico.

A la par, según Forbes, estudios regionales sugieren que cerrar esta brecha de participación podría disparar el PIB en al menos un 10%. Sin embargo, continúa prevaleciendo un modelo donde la economía formal se sostiene sobre el aporte invisible de las mujeres: mientras un hombre dedica apenas 4 horas semanales a las tareas del hogar, ellas cargan con más de 14 horas de trabajo no remunerado, destinadas a tareas domésticas o de cuidado. Este desequilibrio de tiempo es el verdadero muro que impide que una mujer joven acceda a un empleo formal, acepte un ascenso o que una profesional rural pueda siquiera buscar un empleo.

La situación de las mujeres jóvenes es el termómetro más preocupante de este fenómeno. En el campo, la brecha de jóvenes que no pueden estudiar ni trabajar de forma remunerada es ocho veces mayor en mujeres que en hombres. No se trata de falta de iniciativa o aspiraciones; es que ellas se han convertido en las cuidadoras por defecto. El futuro de una generación entera de mujeres se ve comprometido, pues, en lugar de estar insertas en el mercado laboral, innovando y creciendo profesionalmente, cargan mayoritariamente con las tareas de cuidado. Esta falta de autonomía económica no solo las vulnera hoy, sino que crea un ciclo de pobreza a futuro, al no poder aportar a una seguridad social que las proteja mañana.

Incluso en las esferas de poder, donde las mujeres ya ocupan el 42% de los cargos de decisión, la desigualdad persiste. En el sector público, donde las mujeres son mayoría en puestos gerenciales, el ingreso de las mismas sigue siendo un 10% menor.

Este 8M, en el que se conmemoran en Paraguay y en el mundo los avances logrados en la vigencia de derechos de las mujeres, es importante también recordar el camino que aún queda por recorrer. En este sentido, es clave avanzar en la implementación de políticas públicas que apunten a fortalecer sistemas nacionales de cuidado, a través de los cuales el Estado genere condiciones para liberar el tiempo de las familias, y sobre todo de las mujeres. Así mismo, es fundamental lograr la igualdad salarial real y que “a igual trabajo, igual salario” sea una norma exigible. Apoyar decididamente a la juventud, brindándole capacitación técnica y empleo formal en igualdad de condiciones para hombres y mujeres, posibilitará el aprovechamiento del “bono de género” que representa el potencial productivo de las 340.000 mujeres jóvenes que están hoy fuera del mercado de trabajo, un número que duplica el de los hombres jóvenes.

Si aspiramos a un Paraguay moderno y competitivo, debemos atender prioritariamente al 45% de las mujeres jóvenes que está actualmente fuera de la economía remunerada. Es necesario acortar las brechas, valorar el potencial de las mujeres también como un motor económico, liberando su tiempo destinado mayoritariamente a trabajo no remunerado y garantizando que su talento se pague por su valor y no por su género. De esta manera, Paraguay estará dando un paso decisivo hacia un desarrollo sostenible con justicia social.

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