Política y violencia social

Lo sucedido el domingo 19 de abril en el estadio Defensores del Chaco en el superclásico, nos deja el mensaje de la violencia social que vivimos. No es un hecho aislado, que ocurrió nomas porque sí. Y mucho menos tiene que pasar desapercibido, si no llamarnos a reflexión y análisis serio y profundo. Hacernos preguntas como: ¿Qué pasa con la gente? ¿Por qué tanta intolerancia? ¿A dónde vamos a llegar si no tomamos las medidas necesarias?

Una cancha es un lugar para entretenerse y pasar buen rato, con familia, amigos, hinchas. No es para peleas. En este punto, nos faltan valores como la empatía, el respeto, la tolerancia y el deber de cuidarnos uno a otro. Sabemos que no es nada nuevo.

Las drogas, el alcohol, el fanatismo, la pasión exacerbada llevan a estas situaciones lamentables qué llegan a costar incluso, vidas. La policía se ve sobrepasada en estos casos. Y lo sucedido, dejo muchos heridos hasta que el evento fue suspendido.

La gente dice que bebés o embarazadas no tienen que asistir a estos lugares.

La verdad, es que son los hechos violentos, los que no deben pasar. Hay que evitar a toda costa. Hay violencia en las calles, hay asaltos, hay accidentes, hay muertes. La sociedad llega a una situación límite. Y sencillamente ya no se soporta. Hay que buscar las causas para conseguir respuestas. Y volver a una civilización sensata y educada. Para ello se debe partir de la misma casa.

Es la primera escuela. Enseñar y transmitir los valores morales, éticos y cristianos. La familia es la célula de la sociedad. Es el motor, es la razón, la esencia, el punto de partida y de llegada. Con mucho amor los padres deben educar a sus hijos para enfrentarse con seguridad y confianza en el mundo.

Para saber actuar con respeto y solidaridad hacia sus semejantes. Cuidar a los chicos como los tesoros más preciados, es nuestra tarea. Abandonarlos a su suerte, es muy negativo. El acompañamiento permanente y la contención, hacen la gran diferencia. Las escuelas, la prensa, la iglesia y el gobierno, tienen sus tareas, pero primero se comienza por la casa. Eso es categórico.

Ahora amenazan con lanzar bombas o tirotear las escuelas. Algo que comienza un desequilibrado y ya le siguen otros desubicados. Yo creo que tenemos que dejar este mundo de maldad, crueldad y envidia. Este mundo donde se hace culto al éxito, al dinero, a la belleza del cuerpo, y al tener más y más. Hemos olvidado, nuestra parte espiritual, nuestros sentimientos nobles y lo verdaderamente humano que llevamos en la mente y el corazón.

Tenemos que ser como antes, como nuestros abuelos, antes de la televisión, el celular y las redes sociales. Ser más amorosos, más atentos y menos egoístas. Yo propongo que saludemos a los vecinos, que salgamos a tomar tereré en las veredas y que nos preocupemos por el prójimo. Que hablemos mucho y nos visitemos como antes. Muchos abrazos y presencia muestra un contacto real y verdadero. Estar cerca uno del otro, da sensación de que no estamos solos acá en la tierra. Ojalá se recupere los juegos tradicionales, ojalá lleguen tiempos de jugar la pandorga y las balitas. De salir a correr descalzos por la arena y el pasto. De aprender canto, danza y poesía. De ir con rigor al catecismo y de comulgar con Cristo Jesús. Si no nos cubrimos con la poderosa sangre del Hijo de Dios, nos puede pasar cualquier cosa mala. Con la armadura de Dios y la espada del Arcángel Miguel podemos protegernos del mal. Cada uno tiene su fe y su creencia, siempre respetable.

Vivimos con tanta violencia. Ya es hora de recuperar la paz y el amor. Y hay que iniciar por el hogar con la familia. Hagamos que este mundo vuelva a ser un sitio donde da gusto vivir, compartir y ser feliz. Vale la pena intentar y los seres humanos tenemos con inteligencia y sensibilidad, ese poder qué nos dio nuestro mismo creador.

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