Una cancha es un lugar para entretenerse y pasar buen rato, con familia, amigos, hinchas. No es para peleas. En este punto, nos faltan valores como la empatía, el respeto, la tolerancia y el deber de cuidarnos uno a otro. Sabemos que no es nada nuevo.
Las drogas, el alcohol, el fanatismo, la pasión exacerbada llevan a estas situaciones lamentables qué llegan a costar incluso, vidas. La policía se ve sobrepasada en estos casos. Y lo sucedido, dejo muchos heridos hasta que el evento fue suspendido.
La gente dice que bebés o embarazadas no tienen que asistir a estos lugares.
La verdad, es que son los hechos violentos, los que no deben pasar. Hay que evitar a toda costa. Hay violencia en las calles, hay asaltos, hay accidentes, hay muertes. La sociedad llega a una situación límite. Y sencillamente ya no se soporta. Hay que buscar las causas para conseguir respuestas. Y volver a una civilización sensata y educada. Para ello se debe partir de la misma casa.
Es la primera escuela. Enseñar y transmitir los valores morales, éticos y cristianos. La familia es la célula de la sociedad. Es el motor, es la razón, la esencia, el punto de partida y de llegada. Con mucho amor los padres deben educar a sus hijos para enfrentarse con seguridad y confianza en el mundo.
Para saber actuar con respeto y solidaridad hacia sus semejantes. Cuidar a los chicos como los tesoros más preciados, es nuestra tarea. Abandonarlos a su suerte, es muy negativo. El acompañamiento permanente y la contención, hacen la gran diferencia. Las escuelas, la prensa, la iglesia y el gobierno, tienen sus tareas, pero primero se comienza por la casa. Eso es categórico.
Ahora amenazan con lanzar bombas o tirotear las escuelas. Algo que comienza un desequilibrado y ya le siguen otros desubicados. Yo creo que tenemos que dejar este mundo de maldad, crueldad y envidia. Este mundo donde se hace culto al éxito, al dinero, a la belleza del cuerpo, y al tener más y más. Hemos olvidado, nuestra parte espiritual, nuestros sentimientos nobles y lo verdaderamente humano que llevamos en la mente y el corazón.
Tenemos que ser como antes, como nuestros abuelos, antes de la televisión, el celular y las redes sociales. Ser más amorosos, más atentos y menos egoístas. Yo propongo que saludemos a los vecinos, que salgamos a tomar tereré en las veredas y que nos preocupemos por el prójimo. Que hablemos mucho y nos visitemos como antes. Muchos abrazos y presencia muestra un contacto real y verdadero. Estar cerca uno del otro, da sensación de que no estamos solos acá en la tierra. Ojalá se recupere los juegos tradicionales, ojalá lleguen tiempos de jugar la pandorga y las balitas. De salir a correr descalzos por la arena y el pasto. De aprender canto, danza y poesía. De ir con rigor al catecismo y de comulgar con Cristo Jesús. Si no nos cubrimos con la poderosa sangre del Hijo de Dios, nos puede pasar cualquier cosa mala. Con la armadura de Dios y la espada del Arcángel Miguel podemos protegernos del mal. Cada uno tiene su fe y su creencia, siempre respetable.
Vivimos con tanta violencia. Ya es hora de recuperar la paz y el amor. Y hay que iniciar por el hogar con la familia. Hagamos que este mundo vuelva a ser un sitio donde da gusto vivir, compartir y ser feliz. Vale la pena intentar y los seres humanos tenemos con inteligencia y sensibilidad, ese poder qué nos dio nuestro mismo creador.