Durante más de dos décadas, Paraguay ha consolidado un modelo sanitario ejemplar, basado en una articulación público-privada en la que la solidaridad no solo es un principio, sino un requisito sine qua non para una integración duradera y resultados sostenibles. Esta alianza entre el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (SENACSA) y la Asociación Rural del Paraguay (ARP) cimentada en la confianza, la corresponsabilidad y el compromiso compartido, tiene como expresión más acabada a la Fundación Servicios de Salud Animal (FUNDASSA). Este esquema ha permitido alcanzar altos niveles de cobertura vacunal, implementar sistemas de vigilancia epidemiológica permanentes, asegurar rigurosos controles de calidad de vacunas y promover políticas públicas que fortalecieron la disciplina sanitaria. Los resultados no son fortuitos: responden a una construcción institucional acumulativa que ha posicionado al país entre los sistemas más robustos de la región y que, junto con el apoyo de la industria frigorífica, propició que las exportaciones pecuarias superen los 2600 millones de dólares, con presencia en más de 85 mercados a nivel global.
Sin embargo, el escenario internacional plantea nuevos desafíos y reabre un debate que Paraguay y la región ya habían iniciado en 2017. No resulta casual que esa discusión coincidiera con la firma del acuerdo de cooperación entre el Servicio Veterinario Oficial y la FUNDASSA, concebido con una vigencia de diez años y cuyo plazo hoy se encuentra próximo a cumplirse, en un contexto en el que ya se proyectaba, a futuro, una transición gradual hacia el levantamiento de la vacunación y erradicación de la enfermedad. En las Américas, 32 de los 35 países cuentan, al menos, con una zona libre de fiebre aftosa sin vacunación, abarcando cerca del 85% del rebaño, mientras Paraguay mantiene la mayor presión vacunal del continente.
En un proceso de cambios, el reto consiste en preservar la fortaleza de esta alianza públicoprivada, mediante mecanismos que garanticen su sostenibilidad, adaptando su estructura con criterio técnico, en cumplimiento de los compromisos asumidos y con responsabilidad ética hacia los más de 120.000 productores del país. Una reducción progresiva y planificada de la presión vacunal constituye la única vía razonable para una transición ordenada, permitiendo sostener el sistema mientras se redefinen sus bases financieras, operativas y de gobernanza.
En definitiva, el desarrollo no depende de evitar decisiones difíciles, sino de tomarlas a tiempo con visión estratégica. Solo así será posible sostener resultados, mejorar la competitividad y consolidar la resiliencia frente a un entorno cada vez más exigente. Porque la verdadera fortaleza del sector reside en la capacidad de evolucionar: el éxito exige reinventarse.
Por José Carlos Martin C. Presidente del SENACSA 2018 – actualidad Presidente pro tempore CVP 2020 y 2026