Piedras lanzadas para golpear no solo a los jóvenes que se encontraban plantados frente a la municipalidad de Mayor Otaño, sino también con el fin de rebajar su orgullo y dignidad, constituyeron los elementos suficientes para dejar al descubierto la desvergonzada malversación de fondos de las autoridades comunales.
El hartazgo ciudadano, que se hizo sentir a través de disconformidades juveniles, comenzó con manifestaciones en contra de Hernán Schlender, el intendente del municipio de Jesús, por irregularidades en su gestión. Actualmente, Schlender se encuentra preso e investigado por lavado de dinero; tomando como inspiración la labor ciudadana en contra del desfalco, en Mayor Otaño tampoco quisieron quedarse de brazos cruzados.
No obstante, el derecho a manifestarse de manera pacífica, que figura en nuestra Constitución Nacional, aparentemente, tiene el mismo peso que unas palabras tiradas al viento pues, al final, esta garantía pasa a ser una molestia reprimida. Eso se hizo notar cuando en Mayor Otaño ya se cumplían más de dos semanas de incansables protestas, que de apoco se convirtieron en un fastidio para Pedro Chávez, intendente de la comuna, y algunos concejales.
De esta manera, la participación juvenil pasó de ser tan solicitada a tomar el papel de un estorbo. Un claro ejemplo de dicha situación es la del joven presidente del centro de estudiantes del colegio Mayor Otaño, Nelson Maciel quien, por “afectar” al honor y la reputación del intendente, concejales y el presidente de la seccional colorada, recibió cuatro querellas por difamación y calumnia.
Nuevamente, una represiva agresión se llevó el protagonismo la semana pasada, cuando Nelson Maciel, acompañado por otros jóvenes, intentó adentrarse en la Municipalidad de Mayor Otaño, por lo que recibió golpes de un policía que le hizo caer por un portón y romperse la cabeza.
Por otro lado, sumándose a la lista de hartazgo generalizado, pobladores de la zona de Arroyito vienen realizando manifestaciones, iniciadas por padres y alumnos del colegio Julio Otaño, en contra de su intendente Samuel González. Facturas de obras no ejecutadas, que superan los mil millones, fueron la principal dinamita que pulverizó la paciencia de varios concepcioneros, dando como resultado la imagen del intendente González repleto de huevos lanzados por los indignados ciudadanos.
Cuando todo empezaba a verse complicado y las luchas ya parecían innecesarias, los jóvenes comenzaron a despertarse de su largo ensueño conformista e indiferente, animándose a exigir el cumplimiento de los deberes que, al parecer, las autoridades ya olvidaron.
Por Macarena Duarte (17 años)