¿Pasa algo si nunca apagás el router WiFi?
En condiciones normales, no. Los routers domésticos están diseñados para operar de forma continua. Pero “que funcione” no significa “que funcione igual”: el uso permanente puede revelar límites del hardware, del software (firmware) y de la configuración de seguridad.
Consumo eléctrico: bajo, pero constante
Un router típico consume entre 5 y 15 watts. Traducido al mes, puede sumar varios kilovatios-hora: no es el gran gasto del hogar, pero tampoco es cero.
Si además tenés repetidores, mesh o un módem/router del proveedor, el consumo total crece.
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Estabilidad: la memoria también se llena
Con el tiempo, algunos modelos acumulan errores de software, tablas de conexiones saturadas o pequeñas fugas de memoria. El síntoma clásico es una red que “anda” pero se vuelve lenta, con cortes de WiFi o dispositivos que no obtienen IP.
En esos casos, reiniciar (apagar y encender) suele restaurar el rendimiento porque limpia procesos y renegocia la conexión con el proveedor.
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Seguridad: el motivo más sólido para no dejar todo igual
Un router encendido es un dispositivo expuesto, aunque esté detrás de NAT. Los riesgos más comunes no son “hackeos cinematográficos”, sino configuraciones débiles: contraseña de administración por defecto, WPS activado, firmware viejo, UPnP abierto o puertos expuestos sin necesidad.
Apagarlo reduce la “ventana” de ataque cuando no lo usás, pero la medida clave es actualizar y endurecer la configuración.
Vida útil y calor: el enemigo silencioso
El desgaste no proviene de estar prendido, sino del calor sostenido y de una ventilación pobre.
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Un router encerrado detrás del televisor o sobre un decodificador trabaja más caliente y envejece antes.
Ubicarlo en un lugar abierto y fresco suele ser más importante que apagarlo cada noche.
Qué conviene hacer en la práctica
Si te vas varios días, apagarlo reduce consumo y exposición. Para el uso diario, es más útil: actualizar firmware, desactivar WPS si no lo necesitás, usar WPA2/WPA3 con clave robusta y reiniciar cada tanto si notás inestabilidad.
Apagarlo por rutina no es imprescindible; mantenerlo seguro y bien ventilado, sí.