Empleo y transferencias impulsan caída de 8,4 puntos de pobreza en América Latina

ABC Color

La evolución de la pobreza en América Latina y el Caribe (ALC) durante los últimos años refleja la interacción de distintos factores económicos y sociales. El informe más reciente del Banco Mundial (BM) revela los determinantes que explican los cambios en la pobreza regional entre 2016 y 2024, un período marcado por la desaceleración económica previa a la pandemia, el fuerte impacto social de la crisis sanitaria y la posterior recuperación de las economías. En este contexto, el comportamiento del mercado laboral y el rol de las transferencias públicas aparecen como los principales elementos detrás de la reducción observada en los niveles de pobreza.

En términos agregados, la pobreza en la región había disminuido 8,4 puntos porcentuales entre 2016 y 2024. Una parte importante de esta mejora estuvo vinculada al desempeño del mercado laboral. El aumento del empleo y de los ingresos provenientes del trabajo explicó alrededor de 3,1 p.p. de esa reducción, equivalente a cerca del 37% del descenso total, reflejando que, aun en un contexto de volatilidad económica, la capacidad de generar puestos de trabajo y mejorar los ingresos laborales continúa siendo uno de los mecanismos más relevantes para reducir la pobreza.

Las transferencias públicas también desempeñaron un papel significativo. Los programas de asistencia social aportaron aproximadamente 1,9 puntos porcentuales a la disminución de la pobreza, lo que equivalió a cerca de una cuarta parte del descenso total registrado en el período, mostrando, ciertamente, la importancia de las políticas de protección social para complementar los ingresos de los hogares, especialmente en contextos de crisis o de debilidad en los mercados laborales.

Otros factores contribuyeron en menor medida al descenso de la pobreza. Entre ellos: las pensiones, la transición demográfica y las remesas enviadas por trabajadores migrantes. Aunque su impacto fue más acotado en comparación con el empleo o las transferencias públicas, estos elementos también incidieron en la mejora de los ingresos de determinados grupos de hogares, lo que ayudó a moderar los niveles de pobreza en varios países de la región.

Los datos del Banco Mundial muestran, además, que la evolución de la pobreza no fue uniforme a lo largo del período estudiado. Entre 2016 y 2019 los avances fueron relativamente limitados. Durante esos años, la pobreza se redujo apenas 1 punto porcentual, reflejo de un escenario de crecimiento económico moderado y de mercados laborales con escaso dinamismo. En ese contexto, la expansión de los programas de transferencias también fue acotada, lo que redujo su capacidad de generar mejoras significativas en los ingresos de los hogares.

La crisis sanitaria alteró de manera significativa esta dinámica. Entre 2019 y 2022, la evolución de la pobreza estuvo fuertemente condicionada por la respuesta de política pública adoptada por los gobiernos de la región. En ese período, la implementación de programas de asistencia y transferencias de emergencia tuvo un papel central para sostener los ingresos de los hogares. El informe destaca que la reducción de la pobreza durante esos años se explicó principalmente por estas transferencias, mientras que el mercado laboral tuvo una incidencia limitada debido al deterioro del empleo y de la actividad económica.

Con la recuperación posterior a la pandemia, el escenario volvió a modificarse. Entre 2022 y 2024, el mercado laboral recuperó protagonismo como motor de mejora social. Más de la mitad de la reducción de la pobreza en esta etapa se relacionó con la creación de nuevos puestos de trabajo y con el aumento de los salarios. En contraste, el aporte de las transferencias públicas fue menor que en los años más críticos de la crisis sanitaria, lo que refleja una transición desde políticas de emergencia hacia una recuperación impulsada por la actividad económica.

Las diferencias entre países también resultan relevantes para entender la dinámica regional. De acuerdo con los datos del BM, el aporte del mercado laboral a la reducción de la pobreza estuvo fuertemente influido por el desempeño de las economías más grandes de la región, en particular Brasil y México. En ambos casos, la evolución del empleo y de los ingresos laborales tuvo un peso importante en la disminución de la pobreza a nivel regional.

Fuera de estas economías, el impacto del mercado laboral fue más heterogéneo. En algunos países, como República Dominicana y El Salvador, el crecimiento del empleo y de los salarios también tuvo un papel destacado en la reducción de la pobreza. Sin embargo, en gran parte de la región el avance fue más moderado, con incrementos más limitados en la generación de empleo y en los ingresos laborales.

En la etapa posterior a la pandemia, la recuperación del mercado laboral se convirtió en un factor clave para explicar la mejora en los indicadores sociales de varios países de América Latina y el Caribe. En ocho economías de la región, el aumento del empleo y de los salarios explicó entre 1,5 y 4 puntos porcentuales de la reducción de la pobreza. En algunos casos, este factor representó entre el 48% y el 94% del descenso total observado. En la próxima edición se profundizará sobre los determinantes de la evolución de la pobreza en Paraguay, así como en las principales economías de la región.

Finalmente, los resultados reflejan que, si bien las políticas de transferencias siguen siendo un instrumento relevante para proteger a los hogares más vulnerables, el fortalecimiento del mercado laboral continúa siendo el determinante central para lograr reducciones sostenidas de la pobreza en la región. La capacidad de las economías para generar empleo formal, mejorar los ingresos y ampliar las oportunidades productivas aparece, así como uno de los desafíos fundamentales para consolidar los avances sociales en América Latina y el Caribe en los próximos años.

* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones

Lo
más leído
del día