Fin del dinero barato presiona finanzas públicas de las economías avanzadas

GENTILEZA

El periodo de tasas de interés ultrabajas quedó atrás y las economías avanzadas enfrentan un encarecimiento del financiamiento. De acuerdo con un artículo de The Economist, el aumento de los rendimientos de los bonos soberanos eleva el costo de la deuda pública y reduce el margen de maniobra de los gobiernos. Durante la década pasada, muchos economistas esperaban que el exceso de ahorro mundial mantuviera el crédito barato durante un periodo prolongado. Sin embargo, el escenario actual muestra otra tendencia, con mayores rendimientos que obligan a los Estados a revisar sus perspectivas fiscales.

El cambio resulta evidente en las principales economías. El rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a diez años superó el 5,3% a comienzos de octubre, su nivel más alto en más de dos décadas. En Japón, una economía acostumbrada a tasas reducidas, el rendimiento de los títulos a diez años superó el 3% por primera vez desde 1996. A su vez, la tasa mediana de los bonos soberanos de las economías avanzadas se sitúa en torno al 4%, más de 2,5 puntos porcentuales por encima del promedio previo a la pandemia.

Varios factores explican este comportamiento. El encarecimiento de la energía presiona sobre la inflación y dificulta una reducción de las tasas de interés. Al mismo tiempo, los elevados déficits fiscales aumentan las necesidades de financiamiento de los gobiernos, y la incertidumbre política eleva la cautela de los inversores frente a la deuda pública.

A esto se suma la expansión de la inteligencia artificial que introduce una nueva presión sobre los mercados financieros. La construcción de centros de datos y la adquisición de equipos requieren inversiones cuantiosas. Las grandes empresas tecnológicas han recurrido a la emisión de bonos para financiar parte de estos proyectos, lo que incrementa su demanda de recursos en los mercados de capitales. Esta competencia por el financiamiento puede contribuir al aumento de los rendimientos, aunque no explica por sí sola su evolución.

Las consecuencias varían según la situación fiscal y el crecimiento de cada país. Estados Unidos cuenta con una economía que mantiene un ritmo de expansión relativamente sólido, aunque enfrenta un elevado costo por intereses y un importante déficit presupuestario. En Europa, la situación resulta más compleja para países con altos niveles de deuda y escaso margen fiscal. En Francia, la deuda pública ronda el 120% del producto interno bruto (PIB), mientras que el déficit fiscal previsto para este año alcanza el 5,4% del PIB. El bajo crecimiento económico dificulta la estabilización de las cuentas públicas, sobre todo si el costo del financiamiento continúa en aumento.

La incertidumbre política añade presión sobre las finanzas francesas. El Gobierno busca reducir el déficit mediante ajustes del gasto y aumentos de impuestos, pero la falta de una mayoría parlamentaria dificulta la aprobación de las medidas. Italia también enfrenta restricciones fiscales, con una deuda pública elevada y rendimientos de sus bonos a diez años cercanos al 4,7% en el escenario descrito por el artículo.

Japón presenta otro caso de tensión entre las decisiones fiscales y las condiciones financieras. Los planes de inversión pública y las rebajas tributarias llevaron al Gobierno a abandonar su objetivo de alcanzar un superávit presupuestario. En este contexto, el rendimiento de los bonos a treinta años llegó al 4,2%, un máximo histórico para ese instrumento. La elevada deuda neta, equivalente al 134% del PIB según las cifras citadas, aumenta la exposición del país a un encarecimiento prolongado del crédito. Uno de los principales desafíos aparecerá cuando los gobiernos deban renovar sus compromisos financieros. Un tercio de la deuda pública a tasa fija de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos vence entre 2026 y 2028. La refinanciación de estos títulos a tasas superiores elevará gradualmente los pagos por intereses. En Estados Unidos, ese gasto ya supera el billón de dólares anuales y podría triplicarse en la próxima década, según las estimaciones citadas en el artículo.

El fin del dinero barato no solo encarece el crédito, también reduce el margen de los Estados para financiar sus prioridades y obliga a tomar decisiones fiscales más difíciles. En el caso de Paraguay, la obtención del grado de inversión abre mejores condiciones para acceder a los mercados internacionales de capital y captar recursos a tasas más competitivas. Si bien esta condición representa una ventaja para el país, no lo exime de mantener unas finanzas públicas sostenibles y preservar la confianza de los mercados.

*Este artículo fue elaborado por MF Economía e Inversiones

Lo
más leído
del día